Relato desde casa I: la Atalaya

Os lo prometí y aquí está. Esta es la primera parte de esta historia escrita desde casa. Todas las palabras que están en mayúsculas son las que me habéis enviado entre Twitter y Facebook. El resto de las líneas las completan mi imaginación, mi cuarentena, las ganas de aportar un granito de arena a vuestro ocio y esa necesidad de show que a todos los que nos gusta el arte sale a flote en estos momentos de zozobra. Mil gracias a los que habéis participado, a Javi Díaz por ayudarme a salvar la vida del blog y a todos los que estáis haciendo que este mundo siga dando vueltas. ¡Espero estar a la altura! Por cierto, este relato… continuará… si vosotros queréis. 😉 #LuisMiHistoriaEnCasa

(Ni que decir tiene que todos los personajes, situaciones y organizaciones que aparecen en el relato son ficticios. El ánimo de este relato es humorístico y literario; por favor, los que os ofendéis con facilidad, no sigáis leyendo).

I

Como reconocería años más tarde, a John CUARESMA le encantaba subir por la cuesta de la ATALAYA de SANTANDER. No es que sea una calle conocida por su ENTRAÑABLE espíritu o por tener unas grandes vistas; eso a él no le importaba. Los días de lluvia, le gustaba escalar por ella con su PARAGUAS abierto para poder ver a la gente -en modo Defcon 2- intentando no caerse al suelo. No sería la primera vez que junto a sus pies pasaban resbalando (como un SUBMARINO a la deriva al que lleva la corriente hacia el MAR) un muñeco de POCOYÓ, trozos de un AÑEJO SINFONIER, un folleto de la campaña “TERUEL Existe“ y hasta una mujer BORRACHA. 

El 16 de marzo de 2019, mientras un AVIÓN rezagado de la patrulla Águila cruzaba el cielo imitando el movimiento del DALLE sobre la hierba, John encendió un cigarrillo y esperó en la esquina donde desembocan las calles San José y Santa Clara. Iba vestido -en su capa exterior- con su gabardina verde aceituna, sus viejas botas de gore-tex y un sombrero; algo muy habitual entre los profesionales del gremio de los detectives privados.

Miró el reloj, eran las ocho menos cinco de la tarde, frunció el ceño y ahuyentó algunos pensamientos sobre el triste papel de John NIEVE en el final de Juego de Tronos y sobre la última vez en la que se había se cambiado de GALLUMBOS. Es hora de ponerse en marcha.

Mientras daba una última calada a su Ducados, unos chicos jugaban con un balón de BALONCESTO frente a la puerta del Instituto Santa Clara, un joven pasaba en un coche con las ventanillas abajo con el final de la “Cavallería RUSTICANA” a todo volumen y una anciana le regalaba una SONRISA a todos los satélites espías del mundo.

Cuaresma, expolicía, exmarido, exdeportista, examante, exANTROPÓLOGO, tiró el cigarrillo al suelo con suma TRANQUILIDAD, lo pisó y ascendió hacia su destino.

II

A las 20:00 horas, Gerardo Fernández, cocido en el laboratorio en el que trabajaba en negro como “el ÑAPAS”, salió de un bar de la calle General Dávila. Había sido una tarde épica. Comida por todo lo alto después de trabajar (que había incluido un LANGOSTINO gigante del Pacífico Sur relleno de CALAMAR noruego destintado que a su vez estaba relleno de un BOQUERÓN TAMBORILERO de las islas Galápagos; media ración de PULPO a feira, unas RABAS y pan mojado en esencia de PERCEBES (que ya de por sí era bastante caro). Todo ello acompañado de una CERVEZA de esas artesanas que están tan de moda.

Después de comer, “el ñapas” había demostrado jugando al mus quién era el REY de la baraja. Ya desde que se saltaba las clases del colegio e iba a jugar con sus amigos a las pirámides de la calle Canalejas -que como comprenderéis no era ni egipcias, ni mayas, tailandesas… ni, por supuesto, pirámides- había demostrado sus habilidades como tahúr. Tres “treinta y unas” seguidas, cinco dobles parejas y un órdago ganado a mayor con dos “pitos” y un caballo le dieron el triunfo sobre los GÁNDULES de sus rivales: Paco PALANGANA y Pedro Martínez, ambos mucho más próximos al AUTRALOPITHECUS que el Homo Sapiens Sapiens -todo hay que decirlo-.

Después de las cartas, de la media botella de chinchón y de los dos puros que le habían vendido como habanos pero que en realidad procedían de un fábrica casera e ilegal situada en un pequeño pueblo llamado CARRIAZO, decidió que ya era hora de descender la Atalaya e ir a casa a disfrutar de una buena PELÍCULA y de la SOLEDAD de su hogar.

Foto de Federico Barrera

III

Todo el mundo sabe que es difícil ser NARCOTRAFICANTE en Santander. Y no lo es, como podría parecer, porque haya que traer el material en unos contenedores supuestamente llenos de cajas de Tequila desde ZIHUATANEJO en México; no. La dificultad reside en que hay que pagar mucho ALPISTE a todos los intermediarios. Por ejemplo, hay que soltarle mucha plata al capitán chileno de un barco de Islas Caimán con bandera de Costa de Marfil y tripulación vietnamita. Además, hay que untar a una señora que trabaja en el ayuntamiento que, a parte de NEFELIBATA, es una AMEBA con ojos pero que tiene una MAMÁ clave en todo este negocio.

¿Por qué? Porque esta amable señora, que va todos los domingos a misa a la iglesia de Nuestra Señora de la Consolación en la calle Alta, trabaja en Aduanas como limpiadora. Una escrupulosa limpiadora que abre una ventana un domingo al mes para SENTIR la brisa marina en la cara y fumarse un cigarrillo. Una ventana que abre y que siempre olvida cerrar.

Además, hay que soltarle unas “GALLETITAS” a la agente VIRIDIANA Abedul  -que como la de la canción de Sabina también se apellida “veinticinco mil”- para que enfoque, esa misma noche, su ENDOMETRIOSIS y su tortícolis hacia la izquierda cuando por la calle Antonio López unas “mulas” traídas por la organización desde ZAMORA escapan con una furgoneta repleta de polvos mágicos.

Pero la cosa no termina ahí; también recibe su parte el Padre Fernando, amo y señor de la parroquia del Sagrado Corazón del Cristo Herido, Muerto y Resucitado y máximo exponente del ABSOLUTISMO hecho sotana. Cueto es la BURBUJA, es el reino donde gobierna con vara de hierro desde hacía dos décadas gracias a simular que tiene la misma vista que los GATOS de escayola. Las goteras del techo, su aportación mensual a la Cocina Económica y el monovolumen nuevo con una cruz pintada en la CARROCERÍA no tienen precisamente su origen en el cepillo de la Iglesia.

Un MARATÓN de obstáculos, una AMALGAMA de sobornos que encarecen el material y que hacen que el narcotráfico en Santander sea más cosa de TRAPECISTA que de malhechor. 

Pues bien, a las 19:59, una de las mulas de la organización, María “IBUPROFENO”, esperaba con una maleta en la curva que hace amigas íntimas a la Atalaya y a la calle San Sebastián.

IV

Sentado en la parte posterior de un bus de la línea 16, acompañado por una BANDURRIA que había conseguido ACALDAR en la funda de una GUITARRA y con un maletín que había comprado de oferta en Amazon, Felipe PARDA tecleaba con pasión en su teléfono móvil. Controlaba bien el estrés de mantener tres conversaciones de WhatsApp simultáneas, de contestar a las interacciones en Twitter y Facebook y de responder un mail del batería de su banda de FOLK-ROCK celta, “El INEFABLE ronquidu de la Anjana”.

La señora Pellón, que daba gracias a Dios por la existencia de aquel autobús, lo miraba con el desprecio con el que miran los años a algo que no comprende. Felipe, ajeno al mundo real, sonreía porque mientras escribía la contestación a su amigo podía imaginárselo perfectamente: gafas, portátil, sobrepeso y camiseta de Dungeons and Dragons con un dibujo de un CASCO de sacerdote-guerrero de nivel 10. ¡Qué personaje! ¡Qué estereotipo!

Eso sí, el tío es un buen informático, pensó, de esos pequeños genios para los que el lenguaje BINARIO no tiene secretos y para los que la RESILIENCIA en los vídeo-juegos le hacía portador con ORGULLO de la fama de haber completado el “MAGNICIDIO de las HIJAS de la ESTRIDENCIA”; tercera entrega de un juego coreano en el que los gamers tienen que ir superando diferentes puzzles mientras un TETRAEDRO gigante y malvado intenta matarlos por el mero hecho de ser humanos.

Y mientras divagaba sobre el cliché que encarnaba su compañero, no se daba cuenta del estereotipo que él mismo era para la señora que lo estaba observando con cierto temor: camiseta de rayas horizontales negras y rojas -tipo Fito-, unos pantalones vaqueros roídos con un parche del Racing de Santander del que era FOROFO, un colgante con un símbolo solar celta y la funda de la bandurria llena de pegatinas alusivas a las antiguas tribus cántabras, a líderes revolucionarios de otras épocas y las palabras SOLIDARIDAD y UTOPÍA.

Lo que el estereotipo no le permitía ver a la señora Pellón, es que Felipe, lejos de venir de una familia con nueve apellidos cántabros, era hijo de un leonés y de una señora de Tarragona que se conocieron en la península de la Magdalena un 26 julio de 1988 y que se casaron y se fueron a VIVIR juntos 9 meses después. Se puede decir que antes tuvieron un niño que un BIDET. Y que de aquella unión surgió un chico que, para reivindicarse como cántabro, adoptó un personaje que interpretaba dentro y fuera de los bares donde actuaba.

Muy atrás quedaron aquellas tardes en que su madre le preguntaba en el parque “¿On és la CARMANYOLA?”, y él corría a esconderse por el miedo a no ser aceptado por su nueva tribu. Y cuando le preguntaban que qué había dicho su madre, él siempre contestaba que SUPERCALIFRAGILISTICOESPIALIDOSO. 

En cuanto envió su mail, miró al frente y se dio cuenta de que la parada siguiente era la suya: cuesta de la Atalaya 32.

V

Como por arte de magia, Johnny Cuaresma abrió el paraguas justo en el momento en el que empezó a llover. Le encantaba el aroma que desprendían las primeras gotas de lluvia  al golpear sobre el asfalto. Le hacían viajar a unos momentos entre pasados e imaginados de su infancia donde soñaba con ser un PEZ volador para poder escapar de un padre alcohólico y de una madre rendida ante el ejército de la oscuridad.

Sus ojos volvieron a enfocar la realidad al ver que algunas personas ya empezaban a tener problemas con el resbaladizo suelo de una de las calles más peligrosas del mundo. Es tan divertido, pensó.

John siguió subiendo la cuesta de la Atalaya con la mirada puesta en la parada del autobús. Era el lugar perfecto porque siempre se bajaba algún despistado que solía tentar a la suerte con el móvil en la mano y el resbalón lo convertía en un personaje de la tercera tabla de cualquier tríptico de El Bosco. Un día me tengo que traer una CERVECICA, se dijo imitando el acento maño.

VI

Gerardo tenía algunas dificultadas para bajar por la Atalaya en su estado, no lo puedo negar. Sin embargo, la línea recta suele ser el camino más corto, incluso para los sherpas que habitualmente transitan por este lugar. Su madre le dejó un piso en herencia en la calle Rualasal y para llegar hasta él era el mejor camino. En condiciones normales no solía tener muchos problemas para llegar, pero entre el chinchón y que no llevaba neumáticos de lluvia, la cosa se le estaba complicando bastante.

Dejó atrás la curva de la calle María Cristina y se dio cuanta de que era cierta esa ley de la termodinámica universal que asevera que cuando llueve, las calles de Santander se colapsan por los coches. No habían caído ni cuatro gotas y ya estaba todo bloqueado. Parecía como si todos los habitantes de la ciudad estuviesen esperando a que comenzase a llover para sacar sus coches de los garajes. Igual es que no los lavan nunca y aprovechan la lluvia, pensó y sonrió. 

Durante los siguientes metros tuvo un par de traspiés pero consiguió no irse al suelo a pesar del encantamiento que hace que la atracción gravitatoria en esta calle sea muy superior a la del resto del planeta.

VII

Se había puesto a llover y María seguía esperando a su cliente.

– Llegaré en el autobús de las 8-, le había dicho una voz por teléfono (teléfono y tarjeta que ya estaban en un camión de la basura camino a un vertedero en Vizcaya). Ya eran y doce. Joder, doce minutos de retraso.

En cualquier otra circunstancia se hubiera marchado pero era un encargo especial de su jefe, un envío que había llegado escondido en las cajas de tequila desde México. En una especial. No podía marcharse.

Joder qué hambre tengo. Para colmo estaba a dieta. Se comería un paquete entero de SOBAOS  de esos que mojas en la leche porque se la beben los sobaos. Pffff, qué sincio. La dieta le estaba destrozando el HUMOR, aunque no el CICLOPENTANOPERHIDROFENANTRENO.

¡Y encima empieza a llover! ¡Ya está el tráfico! Joder, ahí viene el bus. Pffff… pues no va poder parar en la parada. Esto ya está bloqueado. ¿¡Pero de dónde DEMONIOS salen todos estos coches!? ¿¡Si en esta ciudad no trabaja nadie!? ¿¡Cómo hay tantos coches!? Joder, y ese idiota qué estará mirando. Ummm, igual ha venido en coche. ¿Será ese el cliente? ¡Joder, pero dijo bus!

Se forzó a sonreír al conductor y este le devolvió la sonrisa y bajó la ventanilla del todo.

  • Oye guapa, ¿te vienes?
  • ¿Adónde?
  • ¿Cuánto es?
  • ¿Cómo?
  • ¿Qué cuánto cobras?
  • Lo… espera. ¿Qué? ¿Me estás llamando puta?

El conductor dejó de sonreír cuando en un abrir y cerrar de ojos vio una piedra entrar por la ventanilla de su coche e impactar en su salpicadero a escasos centímetros de su mano. María había jugado al VOLEIBOL toda su vida y siempre había sido muy buena colocando la pelota.

Desechó rápidamente el impulso de arrancar la puerta del coche y comerse a aquel señor que iba dirección a su casa para saludar a su niños y abrazar a su mujer y que habría encontrado una excusa laboral para el retraso. Además, al mirar hacia abajo, observó cómo el autobús estaba bloqueado por el tráfico unos metros más abajo. Así que dejó pasar a un señor que parecía borracho y venía andando y se dirigió pegada a él hacia el autobús. 

No debo, sí, a la mierda. En un arrebato se giró y gritó a pleno pulmón bajo la lluvia un gran, cristalino y perfecto hijo de puta.

VIII

Mientras Felipe recogía todas sus cosas, la señora Pellón hizo sonar el timbre del BUS con insistencia por cuarta vez.

  • Ya la he oído, señora-, dijo el conductor del autobús con cierta sorna.
  • Déjeme bajar, por favor.
  • Hay que esperar a la parada, señora, luego pasa lo que pasa.
  • Si espero a que esto se mueva no le llego a dar la cena a mi nieto. ¡Me está esperando solo en casa, por favor!- dijo mientras miraba repetida e intermitentemente a Felipe.
  • Está bien, está bien, bájense aquí por el amor de Dios. Que parece usted salida del LIBRO aquel, ¿cómo se llamaba?
  • ¿La biografía de Belén Esteban?
  • No, seguro que ese no.
  • Dios se lo pague.
  • Sí, porque con lo que me paga el ayuntamiento…

“Próxima estación ESPERANZA”, canturreó Felipe mientras le ponía el eterno ritmo de Manu Chao a su frase. Y las puertas se abrieron al tiempo que cambiaba la intensidad de la lluvia y comenzaba a llover torrencialmente sobre Santander… y la señora Pellón se precipitó hacia los escalones mirando hacia atrás y agarrando fuerte su maletín con las dos manos… y justo detrás de ella Felipe, que llevaba todas sus cosas encima como un burro de carga peruano…

IX

John se detuvo muy cerca del autobús que abría sus puertas ilegalmente antes de la parada establecida. Quiere dejar bajar a los pasajeros antes de tiempo, normal, podría estar parado un buen rato por el atasco. A ver si tengo suerte.

X

Gerardo Fernández miró hacia atrás porque llevaba una chica pegada a su sombra. ¿Querrá robarme? ¿Igual quiere hacerme el amor?, pensaba mientras continuaba andando con dificultad.

XI

María “Ibuprofeno” vio cómo se abrían las puertas del autobús, continuó andando y echó una última mirada al conductor quien miraba aterrado por el retrovisor.

XII

Felipe Parda se movió bruscamente hacia la puerta con su bandurria en una mano, su maletín en la otra, su sudadera en la boca y pidiendo perdón como podía a los pasajeros que iba golpeando con una cosa o con otra.

XIII

John, si su cuestionable deontología profesional se lo permitiese (barrera que conseguiríamos tumbar con 50 euros o, en estos días de encierro por el CORONAVIRUS, con un paquete de papel higiénico), nos diría que aún no sabe qué es lo que sucedió a las 8 y 18 de la tarde del 16 de marzo de 2019. Bueno, el resultado sí, claro, pero no cómo sucedió. Mierda, duró tanto como el matrimonio con la mujer de mi vida. Además, con el mismo resultado.

Voy a tratar de explicároslo: por un lado, la señora Pellón, viendo temerosa el avance modo “Balrog de Moria” de Felipe por el autobús, salió por la puerta delantera mirando hacia atrás; con tan mala suerte que chocó con Gerardo que pasaba justo en ese momento.

Esto -por sí solo- no hubiera producido el grave incidente que posteriormente produjo si María hubiese mantenido la distancia de seguridad que el manual del buen ciudadano recomienda para las aceras. Pero, claro, no fue capaz de esquivar a Gerardo y a la señora Peón porque caminaba con rapidez y no estaba mirando al frente.

Imaginad la cara de Cuaresma ante este accidente que sobrepasaba con mucho sus expectativas para aquella tarde. Su rostro fue convirtiéndose en el de un alumno francófono de español cuando su profesor le pregunta por las diferencias entre el verbo “ser” y el verbo “estar”.

Con las tres personas chocándose unas con otras, con sus cuerpos amoldándose a los de los otros y con sus bocas abriéndose hasta desfigurar completamente sus caras, Felipe salió del autobús como lo hace un miura en los encierros de San Fermín y, como no podía ser de otra manera, también se estrelló contra la improvisada melé.

Lluvia, gritos, expresiones grotescas, maletines volando, la bandurria, la cara del chófer del autobús, una de las zapatillas de Felipe, la dentadura de la señora Pellón, un “joder”, el grito de una vecina dede la ventana y… silencio.

Unos segundos después, cuando el aliento volvió a los pulmones del detective privado, el mundo volvió a ponerse en marcha. La lluvia, el lamento, el tráfico y en el suelo, frente a él, un cuadro dantesco. El resultado fue toda una ESTRATIFICACIÓN de cuerpos y cosas que durante unos instantes crearon un nuevo ser, un demonio recién salido del infierno que hablaba con varias voces en una lengua incomprensible.

Cuando consiguió serenarse, Johnny Cuaresma se dio cuenta de que entre aquellos cuerpos humanos que gemían, había varios maletines… ¡todos ellos iguales! ¿Cómo demonios pueden ser todos iguales?

Lo que aún desconocía John Cuaresma es que unos meses atrás, durante el Black Friday, Amazon había puesto en oferta un maletín multiusos, resistente, de gran calidad, con un 4,8 de valoración por parte de los clientes. A Santander habían llegado catorce unidades, cinco de ellas estaban en el suelo de la Atalaya en esos momentos.

¿Qué es lo que sucedió después? Vosotros diréis.

Sobre Luis Miguel Artabe 339 artículos
Periodista, profesor, psicólogo de masas y #CommunityChamán. Como no me gusta la realidad me invento otra. Si vas contracorriente, soy tu salmón.

1 comentario

  1. Me ha encantado Luis Miguel. Es zona muy conocida para mi. Crecí en el Rio de la Pila, cuando no era zona de bares y si de una gente entrañable y obrera, y en donde comenzamos a convivir y crecer con un nuevo y lucrativo negocio: la droga, el pequeño trapicheo . Ahora soy medio vecina de otra insigne zona santanderina, la calle Alta, medio callealtera. Vamos, de Guatemala a guatapeor. Un abrazo

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