Mi nombre es Beatriz

6:30 horas: Suena el despertador; lo apago.

6:35 horas:Suena el despertador; lo apago.

6:38 horas:Suena el despertador; lo apago.

6:45 horas:Suena el despertador, lo apago y enciendo mis ojos. Aunque Morfeo emplea sus más sucias estrategias contra mí, consigo levantarme y llegar dando tumbos hasta al cuarto de baño.

– ¿Tendré hoy un día mejor que el de ayer?- me pregunto mientras me miro en el espejo y recuerdo que me llamo Beatriz y que tengo 16 años.

Bostezo, me ducho, bostezo, me pongo el uniforme del colegio y bostezo.

– ¡Venga, tonta, que tengo prisa!- me grita mi hermano con todo el cariño de su corazón. Bostezo.

7:00 horas: Entro en la cocina. Mi madre está preparando tortitas de avena para el desayuno. Sentado, mi padre lee el periódico y emite ruiditos de aprobación o desaprobación dependiendo de la clase de noticia que escale hasta sus ojos.

Saco mi móvil y ojeo el Instagram. Las fotos de mis amigas son deprimentes. Todas ellas aparecen abriendo los ojos, sacando culo y poniendo morritos con cara de tontas. ¿¡Qué demonios les pasa!? La primera que aparezca una con un libro en un selfie se los va a llevar a todos de calle. Vale, quizás no, pero es divertido imaginarlo.

7:05 horas: Llega mi hermano, ya estamos todos. Aprovecho el silencio de los primeros bocados para untar con devoción la crema de chocolate sobre una de mis tortitas. Sigo tres reglas fundamentales: no pasarse, no quedarse corta y no llegar hasta los bordes. Algunos dicen que encontrar el paraíso es una labor de por vida; esos ignorantes no han comido esto.

7:08 horas: Repito la operación por segunda vez.

7:10 horas: Se resquebraja el silencio durante la tercera entrega de mi película.

– ¿Qué vas a hacer hoy?- le pregunta mi padre a mi hermano.

– Después de clase tengo entrenamiento del fútbol- dice al tiempo que se come una tortita de un bocado.

– ¿A qué hora volverás?

– Tranquilo, Juan, Marcos y yo vendremos dando un paseo.

– Vale, pero no te entretengas. Por cierto Eva, hoy no vengo a comer. Tenemos mucho lío en la oficina- le dice a mi madre con el mismo tono que la profesora de Historia del año pasado recitaba los reyes godos. Cuando termina de desayunar, se levanta y se va sin decir ni una palabra más.

En ocasiones, siento que soy como aquellos chicos de los X-Men. Ya sabéis, esos que han desarrollado superpoderes debido a una mutación. Yo tengo la habilidad de que mi padre me haga invisible a todas horas. ¡Profesor Xavier, ven a buscarme ya!

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7:15 horas: Cojo el periódico que estaba leyendo mi progenitor. Paso página tras página sin interés alguno. En la sección de Política sólo aparecen señores muy aburridos diciendo obviedades populistas, en la de Internacional sólo hablan de catástrofes y matanzas, en la de Cultura sólo se dan cita los movimientos oficiales y mayoritarios y en la de Economía sólo caben noticias incomprensibles. ¿Para qué perder el tiempo con tanto “sólo”?

Tengo la mala costumbre de detenerme en la información deportiva; corro tres veces por semana y juego al baloncesto en el equipo del colegio. Aunque disfruto mucho con el deporte, es muy raro que en esta sección encuentre algo que me interese.

Me explico: en términos generales, le dedican dos páginas enteras al Real Madrid, otra al Barcelona y otra al resto de equipos de la liga de fútbol MASCULINO. Encima, la mayor parte de la información versa sobre sus peinados, reiterativas declaraciones y tonterías varias. ¿Dónde están las tácticas o las técnicas de entrenamiento?

Además (y esto es lo que me decepciona profundamente), no aparece ni una sola línea sobre mujeres deportistas. Ni Mireia Belmonte ni Ruth Beitia ni Anna Cruz ni Garbiñe Muguruza ni Carolina Marín ni las chicas del balonmano… nada. Parece ser que la mutación que me hace invisible se contagia al resto de mi género mediante los medios de comunicación.

7:20 horas: Termino de ojear el periódico. Mi madre me comenta que tiene mucha prisa y me pide que friegue yo los platos. Intento protestar alegando que a mi padre y a mi hermano nunca les toca. No sirve de nada.

7:30 horas: Salgo de casa para ir al colegio. Por el camino me detengo en el quiosco del señor Andrés al ver una de esas revistas de salud y deporte para mujeres; la compro.

– Quizá traiga algo interesante- me asevero mientras acelero el paso para no llegar tarde.

7:56 horas: Entro en clase y me encuentro con lo de siempre: la mitad de mis compañeras está chateando a través del Messenger del Facebook o revisando si alguno de los chicos que tienen fichados ha puesto “Me gusta” en alguna de esas fotos que han colgado en el Instagram la noche anterior.

Saco la revista femenina de deporte de mi mochila. La mayoría de sus artículos versan sobre cómo encontrarme más guapa, qué mallas me pueden sentar mejor y qué maquillajes van a juego con mis zapatillas. ¡Por el amor de Dios, a mí me gusta el deporte, no estas chorradas!

Para colmo, en el número de este mes entrevistan a una actriz famosa. En las fotos, en las que hay Photoshop hasta para estilizarle el alma, la chica aparece en ropa interior luciendo un cuerpo pluscuamperfecto. Claro, leyendo la letra pequeña me entero de que le dedica dos horas diarias a su herramienta de trabajo, en un gimnasio ubicado en su propia casa y con la ayuda de un entrenador personal. ¿Qué tanto por cierto de las mujeres podemos permitirnos eso? ¿Se supone que tengo que intentar ser como ella? ¿Para qué? ¿Para pasarme toda la vida frustrada por no conseguirlo?

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8:10 horas: Hoy empezamos con Matemáticas. Lo cierto es que no son mi fuerte y a estas horas, menos.

9:03 horas: María me muestra el “Me gusta” que Frank le ha puesto en el selfie que se hizo anoche en el baño.

– ¿Pero no te había hecho otro ayer?

– Uno por día- me dice sonriendo. Merecemos la extinción.

9:10 horas: Casi agradezco que empiece la clase de Inglés. My mother, what a time lost in my life!!

9:35 horas: No dejo de pensar en que he tirado el dinero comprándome la revista.

10:10 horas: Llega la clase de Historia y su folclórico recital falicéntrico. Que si los griegos se unieron contra la ciudad de Troya, que si una mujer caprichosa tuvo la culpa del conflicto, que si 10 años de guerra, que si Zeus se vio obligado a buscar la felicidades en brazos de mil mujeres, hadas, cabras y ninfas porque su mujer, Hera, fue una arpía… madre mía, tras 25 minutos con este profesor, tengo la impresión de que nosotras tenemos la culpa de todos los males de la Humanidad. ¿Es que no podemos hacer nada bien nunca? ¿Qué le pasa a este mundo?

11:00 horas: El recreo arriba en el momento adecuado. Salgo de clase para que me dé un poco el aire y lo primero que observo es que mis amigas están apiladas en una esquina del patio con el móvil en la mano mientras los chicos juegan al fútbol, corren o se pelean. Me acerco a ellas y me uno a su ceremonia de observación de chicos guapos en Internet. Me surge una duda, ¿por qué las actrices y las modelos parecen anoréxicas y los actores fuertes y sanos? No contestéis, es una pregunta retórica.

11:30 horas: Comienza la clase de Religión. El Génesis. Que si Dios es un hombre barbudo, que si Adán era el amo del paraíso, que si llega la mujer (al módico valor de una costilla de hombre) y lo fastidia todo, que si la serpiente (también mujer), que si el destierro del paraíso terrenal, que si Dios nos condena a sangrar en cómodos plazos mensuales y a no sé cuántos sufrimientos más. Por un momento pienso que todo este lío está montado para que nos sintamos una mierda maligna que debe pedir perdón hasta por respirar.

Cuando el profesor va a rematar a nuestro género con la historia de Sansón y Dalila, le pido que me deje ir al baño, que no me encuentro bien. Sin remordimiento alguno, alargo mi parada en boxes hasta que termina la clase.

13:30 horas: Después de Lengua y Literatura (que me suele gustar, a pesar de que sólo hablemos de hombres), me voy a casa. Como cada día, algunas de mis amigas se dejan caer por la parada del autobús que está frente al colegio de curas de más arriba porque a estas horas se cruzan (casualmente) con un montón de chicos tímidos y salidos. Es como si desde pequeñas el objetivo central de nuestras vidas tuviera que ser buscar marido. ¡Qué tristeza!

14:02 horas: Llego a casa. Mi hermano está terminando de ver la carrera de Moto-GP del pasado fin de semana. Es descorazonador observar a un grupo de chicas en traje de cuero sujetando unos paraguas junto a los pilotos. ¿Eso hace más interesante este deporte? ¿En serio tienen que estar esos sonrientes floreros en el podio? ¿En serio les tienen que rociar con Cava?

14:20 horas: Comemos. Estoy deprimida.

15:15 horas: De vuelta al colegio, paso junto al quiosco del señor Andrés. Recuerdo la revista que compré por la mañana y me deprimo al cuadrado.

15:30 horas: Empiezan las clases de por la tarde. Pongo mi cabeza en el modo encefalograma plano y dejó que transcurra el tiempo.

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17:30 horas: A la salida, Berta me pregunta si me apetecería hacer algo esta tarde.

– Voy a salir a correr; lo necesito. ¿Por qué no te vienes?- le contesto.

– ¿Con este culo?

– ¿Cómo?

– Que paso de ponerme en mallas con este culo y que me vean los chicos del barrio.

– ¿Eres tonta?

– Mira Bea, yo no soy tonta; soy realista, estoy gorda y paso de que se vea más de la cuenta.

– ¿Gorda? ¡Pero si estás fenomenal!

– ¡No! ¡Estoy gorda y lo que tengo que hacer es dejar de comer para gustarles a los chicos!

– ¿¡¡¡Qué!!!?

– Para ti es muy fácil. Tienes un tipazo.

– A ver niña, yo no corro por los tíos. Corro por mí, por lo que quiero ser, por lo que soy. ¡Yo no quiero que me sean!

– Lo que tú digas guapa; nos vemos mañana.

17:40 horas: Estoy triste.

17:43 horas: Estoy muy triste.

17:45 horas: Estoy desesperada.

17:52 horas: Tengo los ojos vidriosos.

18:03 horas: Llego a casa, me tumbo en la cama y miro al techo; lloro. ¡Menudo día! ¡Mierda de mundo!

18:25 horas: Estoy un poco más tranquila. Retomo otra vez la idea de salir a correr porque lo necesito. Me empiezo a vestir. Pienso en la revista, en las zapatillas y el maquillaje que me iría mejor con mi camiseta técnica. Resoplo.

18:45 horas:Tengo el teléfono casi sin batería así que, muy a mi pesar, lo dejo en casa cargando y le robo el MP3 a mi hermano.

19:00 horas: Salgo a correr. La música de mi hermano no me va, además, casi me da un infarto cuando suena una canción de Los Ronaldos con este estribillo: “Tendría que besarte, desnudarte, pegarte y luego violarte hasta que digas sí”. Me quedo de piedra pómez.

Después de unos cuantos temas más, escucho los primeros versos de una canción de los Beatles: “Well, I’d rather see you dead, little girl, than to be with another man”. Más o menos quiere decir que me gustaría verte muerta antes que con otro hombre. Me quedo muerta sin necesidad de que me vean con otro hombre.

Para colmo tres tontainas del barrio me gritan algo que no consigo oír bien debido a la música. Se ríen, me paro y me vuelvo.

– ¿Qué habéis dicho?

– Que vaya culito tienes, guapa- me dice uno de ellos mientras los otros dos pintan a brochazos una carcajada en el aire. No les contesto. Cuando vuelvo a correr oigo la palabra zorra entre otras cuantas. Ya todo me da igual.

20:26 horas: Llego a casa.

– ¿¡Dónde estabas!?

– Corriendo.

– Que sea la última vez; la última vez que estás sin móvil y sola por ahí. ¿Lo entiendes?

– Pero sólo estaba…

– ¡Me da igual!- dice mi padre antes de dar un portazo. Parece que para dejarme claro que soy una chica y que en su mente eso me convierte en una gacela indefensa corriendo por la sabana africana rodeada de depredadores sí que soy visible.

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20:54 horas: Ya me he duchado. Llega mi hermano de su entrenamiento; ni una palabra de reproche por la hora. Mi madre empieza a hacer la cena.

21:15 horas: Cenamos tortillas francesas de dos huevos con hierbas de Provenza, queso y atún. Es un plato que me encanta, aunque hoy no tenga mucha hambre.

21:34 horas: Mi padre y mi hermano se van al salón. Mi progenitora y yo nos quedamos recogiendo. ¿Casualidad?

21:35 horas: Mi madre pone la televisión. En la única cadena que ve, hay un especial sobre una chica que es la exmujer de alguien conocido. Permanezco atónita un cuarto de hora en la cocina. Dios mío, ¿por qué sólo aparecen chicas que van por la vida enrollándose con tíos famosos? Otro ejemplo más de cómo deberíamos ser, ¿no?

22:00 horas: Huyo hasta el salón, mi padre y me hermano están viendo una película del Oeste en la que un forajido viejo y retirado vuelve a la acción para vengar a una prostituta a la que han marcado en la cara. Mujeres en el cine, ¿qué os voy a contar? Somos débiles, objeto de deseo del hombre, torpes (excepto que seamos listas, entonces seremos malas). Esta película está bien pero por favor, ¿es que no va a haber nunca una heroína en la sala? ¿Qué no sea en una peli porno? ¿Qué no sea sólo para que se vean unos pantalones ajustados? ¡Qué desastre!

22:45 horas: Me voy a mi cuarto. No aguanto mucho más. Saco las cosas de mi mochila. Tiro la revista que compré por la mañana a la papelera y hago los deberes de Lengua.

23:34 horas: Enciendo el ordenador y entro en el Facebook, en el Twitter y en el Instagram. El mundo sigue siendo una mierda, mis amigas son tontas y los chicos (queda claro) están siendo educados como sus padres. Mala cosa en lo referente a nosotras.

23:50 horas: Me llega un whatsapp de Berta. Que lo siente, que la perdone, que está muy nerviosa porque Frank le gusta mucho y que tenemos que hablar. Le digo que es mi amiga y que no tengo nada que perdonar. Intercambiamos unos cuantos más mensajes intrascendentes y decido que ha llegado el momento de irme a dormir.

0:35 horas: Me lavo los dientes.

0:38 horas: Me meto en la cama, apago la luz y pongo la radio.

1:15 horas: Llevan más de media hora hablando sólo de fútbol, sólo de hombres. Todos los contertulios de un debate absurdo sobre si es mejor Messi o Ronaldo también son hombres. Estoy harta. Perdón, estoy más que harta; perdón, estoy harta de estar harta. Perdón, ¿qué más da?

1:18 horas: A la vista de los acontecimientos de hoy, desarrollo la siguiente fórmula: Invisibilidad el 95% del tiempo + culpabilidad del 95% de los males de la humanidad + 100% de desprotección + tradicional software de búsqueda de amparo en los brazos de un marido 1.0 = lo que quieren que seamos las mujeres.

1:23 horas: Un días más, me duermo sin haber podido fijarme en un modelo plausible que me empuje a hacer deporte, que me invite a ser yo, que me anime a hacer algo en esta vida que no sea fregar los platos y ocupar mi lugar junto a un chico al que, seguramente, habrán educado para ser el centro del Universo. Ojalá hoy sólo haya sido un mal día; ojalá mañana sea diferente. Amén.

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6:30 horas: Suena el despertador; lo apago.

6:35 horas: Suena el despertador; lo apago.

6:38 horas:Suena el despertador; lo apago.

6:45 horas:Suena el despertador, lo apago y enciendo mis ojos. Aunque Morfeo emplea sus más sucias estrategias contra mí,consigo levantarme y llegar dando tumbos hasta al cuarto de baño.

– ¿Tendré hoy un día mejor que el de ayer?- me pregunto mientras me miro en el espejo y recuerdo que me llamo Beatriz y que tengo 16 años.

Sobre Luis Miguel Artabe 337 Artículos
Periodista, profesor, psicólogo de masas y #CommunityChamán. Como no me gusta la realidad me invento otra. Si vas contracorriente, soy tu salmón.

2 Comentarios

  1. Hace bastante tiempo que no te leo, a tí, y a nadie. Hace tiempo que no leo. No estoy deprimido. Se lo que es eso. Mi mujer y mi hijo lo han pasado. Mi hija es fuerte, como yo he sido siempre, pero yo creo que he perdido algo de ilusión por la lectura. Perdóname, es mi culpa. Sigo admirando tu arte, tu estilo. sigo disfrutando con tus escritos, pero me cuesta decidirme a entrar en tu blog. Es como si me sintiera culpable de refugiarme ahí, sabiendo lo que hay a nuestro alrededor y con un futuro tan incierto.
    Saludos.

  2. No se, si te digo que yo nunca me he sentido así, ni aún en aquellos años adolescentes donde todo era confuso…Es más, no he encontrado a lo largo de mi vida ningún impedimento de ninguna clase por ser mujer. Lo que me ha gustado, lo he cogido, y lo que no, lo he dejado y ni en una cosa ni en otra ha intervenido mi sexo (o por lo menos no soy consciente de ello). He trabajado en un gremio donde casi la mayoría han sido hombres y jamás he tenido un problema y la naturaleza me ha dotado con lo más maravilloso que puede entregar; la posibilidad de dar la vida. Soy mujer y soy muy afortunada. Cómo me gustaría que todas pudieran sentirse así!! Gracias por seguir escribiendo

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