Bajas colaterales

Por aquí os dejo otra de mis tribunas de opinión para eldiario.es. Espero que os guste!!!

 

Son las dos de la madrugada del sábado 3 de octubre. Estamos en un lugar del norte de Afganistán llamado Kunduz. Unos 300.000 seres humanos viven aquí y sufren las consecuencias de una guerra interminable.

Para su suerte, esta ciudad cuenta con un hospital de Médicos Sin Fronteras. Probablemente, la infraestructura sanitaria más importante del norte del país. A estas horas, en su interior se encuentran 105 pacientes y 80 miembros de la ONG. No vemos a nadie armado.

En esta película, la mayoría de todos ellos está durmiendo. Quizá permanezcan fugados del reino de Morfeo dos de las enfermeras de guardia, una madre primeriza que arropa a su bebé, un vigilante que hace su ronda y un pobre chico que está echando de menos su pierna entre sollozos y estrellas. La anormal tranquilidad de cualquier centro hospitalario del mundo.

A las dos y ocho minutos de la madrugada, el cielo llora bombas sobre este hospital de Kunduz. Los objetivos son claros: la Unidad de Cuidados Intensivos, la de Emergencias y la sala de fisioterapia. No hay errores; en el resto de las instalaciones no cae ni una gota de metal.

kunduz MSFEl caos

Pocos minutos después las tripas del caos están abiertas de costillar a costillar. Nadie sabe a ciencia cierta qué está sucediendo. Nadie sabe qué hacer. Las explosiones y los escombros de multiplican; los muertos también. Los miembros de Médicos Sin Fronteras corren de un lugar a otro intentando salvar la vida de sus pacientes. La dirección del centro llama a los teléfonos de contacto que tienen en Kabul y en Washington.

– ¿Qué estáis haciendo? ¡Estáis bombardeando un hospital! Repito: ¡estáis bombardeando un hospital de MSF!

Durante la siguiente hora, lejos de detenerse el ataque, se producen bombardeos sistemáticos cada 15 minutos. Tristemente se suceden, perdonadme el vocablo, quirúrgicas descargas de horror. Se sabe perfectamente lo que se está haciendo. Se sabe que se está volando por los aires una zona concreta de un Hospital Civil y que se están mandando a la mierda los artículos 18, 19 y 20 de la Cuarta Convención de Ginebra.

¿El resultado? La muerte, a sangre fría, de doce trabajadores de Médicos Sin Fronteras y de diez de sus pacientes (tres de ellos niños). Y, como consecuencia indirecta por los daños ocasionados, cientos de personas se quedarán sin atención sanitaria en las próximas semanas.Bajas Colaterales

Nos estamos acostumbrando a que nadie respete las reglas, a que las bajas colaterales sean bajas de mala suerte, a que todo valga en los conflictos. Justificar lo injustificable es tan fácil como común. Unos lo hacen cuando un tipo entra en un autobús y se lleva por delante a todos los que están dentro, otros cuando le pegan un tiro en la nuca a un profesor de universidad, los de más allá cuando un tanque arrebata la vida a un periodista de un cañonazo, los de más acá cuando se vuela por los aires a un terrorista que está rodeado de niños… todo es justificable porque la razón ya no es más que un prostituta que se va con el que más medios de comunicación tiene bajo su control.

– Bueno, es que una guerra es una guerra y en las guerras no hay reglas.

– Te confundes. Las hay. Y todas ellas están recogidas en los tratados de Ginebra y en todo aquello que nos hace humanos. ¿Qué nos diferencia de la bestia que mata sin pensar en las consecuencias si enterramos los valores morales y las consecuencias a nuestro antojo?

No puedo, muy a mi pesar, dejar de imaginar una sala de seguridad en un subterráneo. En ella, un mesa de caoba plagada de tazas de café, de medallas al valor de Todoacien, de tablets último modelo, de pantallas de televisión y de imágenes vía satélite. Una sala en la que un grupo de personas toma decisiones que se llevan por delante las vidas de 22 seres humanos. Para siempre.

– Misión cumplida. Otro éxito más para esta administración. Ahora, el mundo es mucho más seguro.

Quizá, el ataque se debiera a que los médicos estuvieran cumpliendo su juramento hipocrático y estuvieran salvando la vida de alguien contrario a los intereses de los afganos o de los EEUU; quizá, tuviera lugar un error en la información manejada por la coalición (lo que me parece muy poco probable) o quizá, simplemente, es que hay que dejar claro quién manda de vez en cuando.

Lo único cierto es que, al fondo del pasillo, un tipo que posee un Premio Nobel de la Paz y que es el responsable último de este bombardeo (realizado sobre una ONG que también posee el mismo Premio Nobel), ha aseverado que lo siente y que iniciará una investigación. Como la de José Couso, como la de tantos otros… sin valor moral ni jurídico ninguno. Sin responsables. Sin darse cuenta de que no hay Justicia posible desde el momento que se producen bajas colaterales.

Sobre Luis Miguel Artabe 337 Artículos
Periodista, profesor, psicólogo de masas y #CommunityChamán. Como no me gusta la realidad me invento otra. Si vas contracorriente, soy tu salmón.

2 Comentarios

  1. Al leer hoy tu relato, no he podido evitar alguna lágrima.
    ¡¡ Qué futuro más negro para tu generación y la de mis nietos !!.
    No se que duele más, la indignación, o la impotencia.

    Un saludo.

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