«A kind of Magic» de Queen

El 2 de junio de 1986, el grupo británico Queen publicó “A kind of magic”. Este disco fue número 1 de ventas en el Reino Unido (y en medio mundo) y dio lugar a la última gira de la banda con Freddie Mercury vivo: el “Magic Tour”. La mayoría de las 9 canciones que lo conforman fueron incluidas también en la banda sonora de la película “Los Inmortales”, dirigida por Russel Mulcahy.
Desgraciadamente, no sería hasta dos años más tarde cuando el que os escribe pudo degustarlo por primera vez. Como muchos de los adolescentes de aquella época, yo vivía protegido por las cordilleras de la radio-fórmula en un valle pavimentado con los estribillos de los Hombres G, Radio Futura, La Unión y Loquillo y los Trogloditas. Tuvo que ser mi entrenador de Baloncesto en el Calasanz, David, el que me encontrara una salida hacia un nuevo estadio artístico. Un acto de beneficencia cultural que me descubrió un lugar del que nunca jamás he podido escapar (ni tampoco lo he pretendido).
Al acabar el entrenamiento, me regaló una copia del disco grabada en una vieja casete BASF; quizá, para motivarme para la final de la liga cántabra que teníamos al día siguiente contra los Agustinos o, quizá, como punto final de alguna discusión bizantina sobre lo que yo consideraba “buena” o “mala” música; disculpadme, pero no lo recuerdo con exactitud.
a kind of magicLo cierto es que al bajar por el paseo de Canalejas, introduje aquella cinta en mi walkman (para los jóvenes, el darwiniano primate de los mp3) y voilà: embarazo inesperado. De los Escolapios a mi casa me dio tiempo a escuchar las primeras cinco canciones del disco: “One vision”, “A kind of magic”, “One year of love”, “Pain is so close to pleasure” y “Friends will be friends”. Las que formaban la cara A del vinilo.
Si exceptuamos “Pain is so close to pleasure” (típico relleno cocinado únicamente para completar la duración de la obra), de los otros cuatro temas, hay tres que los años han convertido en míticos para los seguidores de la banda. “One vision”, inicio del disco y canción con la que también abrirían la gira, me atrapó desde sus primeros compases gracias a una serie de lúbricos y lovecraftianos efectos sonoros, a un puente rítmico propio de una película de suspense y a uno de los riffs más definitorios de la carrera musical de Brian May (doctor en astrofísica, activista pro derechos de los animales y guitarrista de Queen).
magic tourAdemás, me sorprendieron la entrada de la voz del sin par Freddie Mercury, el apoyo de los coros, el ritmo, la energía derrochada en cada nota, el escondido protagonismo del bajo, los detalles en la batería… todo aquello era nuevo para mí.
La segunda canción, la que da título al disco, es “A kind of magic”. Comienza con el chasquear de unos dedos, la voz de Mercury y un juego sonoro entre altavoces que hizo balancear mi cerebro una y otra vez; otra novedad absoluta en aquella época de mi vida. Poco a poco, el tema se va convirtiendo en pop-rock de alta calidad, plagado de escondidos detalles que sólo pude ir descubriendo con el entrenamiento sistemático de mis analfabetas papilas auditivas.
“One year of love” me gustó; no al nivel de las dos primeras, pero me gustó; sobre todo, por su letra. Imaginad lo que pueden suponer para un enamoradizo adolescente aquellas palabras (traducidas libremente) de “es siempre un día lluvioso sin ti, soy un prisionero del amor dentro de ti, me estoy rompiendo a pedazos a tu alrededor y lo único que puedo hacer es rendirme”.
Queen HelicopterY tras la canción de relleno que ya hemos mencionado, “Friends will be friends”. Una oda a la amistad y a la alegría. Otra de esas canciones de Queen (como “We will rock you” o “We are the champions”) que se convertiría rápidamente en himno de una generación. Prácticamente, un waltz-rock de sensaciones positivas, altamente recetado para poner punto final a reuniones de antiguos alumnos del colegio.
Con uno de los últimos estribillos de esta canción, llegué a mi casa. Me duché, cené, le di la vuelta a la cinta, me tumbé en la cama y continué explorando la tierra prometida. La primera canción de la cara B, “Who wants to live forever”, me erizó las entrañas. Un bombardeo de lirismo que, in crescendo, empapó mi ser. Toda una tesis doctoral sobre la inmortalidad que sería utilizada como protagonista musical de una lograda condensación temporal en “Los Inmortales”. Al ritmo de sus acordes, el personaje principal de la película va viendo cómo su mujer envejece durante décadas hasta morir, mientras él permanece exactamente igual. Embriagadora tristeza en grado máximo.
mercury queenLos dos siguientes temas (“Give me prize” y “Don’t lose your head”) estaban claramente compuestos para el film. No tuvieron mucho éxito fuera de él, aunque del primero cabe destacar su intensidad, el solo de guitarra con el que empieza y, sobretodo, el sonido de una pelea de espadas que culmina en un magnífico punteo de guitarra que simula una melodía escocesa de gaita. Russel Mulcahy, comentando la banda sonora de “Los Inmortales”, aseveraría que no era su canción favorita.
El último capítulo de este libro, “Princes of the Universe”, es otra buena pieza de rock, en cuyo vídeo-clip aparecerá Christopher Lambert (actor principal de la película). Además, es estandarte del estilo característico de Queen: contundencia, eclecticismo, base rítmica sólida, guitarra del más alto nivel, imaginativos coros, juego de altavoces y la portentosa voz de su cantante.
highlander queenDespués de todo esto, imaginadme, tumbado en la cama, mirando al techo, superado. Ninguno de los discos que había escuchado hasta el momento era comparable a éste. Puse aquella cinta (de unos 40 minutos de duración) una y otra vez y no me pude dormir hasta las cuatro de la mañana.
Al día siguiente, llegué ojeroso a nuestra final de cadetes; ganamos, hice un buen partido y me fui corriendo a casa a seguir escuchando aquel disco, como si no importase lo conseguido, como si el mundo si hubiese detenido, como si algún tipo de magia me hubiera embrujado.
Sobre Luis Miguel Artabe 337 Artículos
Periodista, profesor, psicólogo de masas y #CommunityChamán. Como no me gusta la realidad me invento otra. Si vas contracorriente, soy tu salmón.

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