Visitando el museo Kazerne Dossin (holocausto judío) de Mechelen (Malines)

Las historias más oscuras se encuentran escondidas tras las tintas y los cantos de las páginas de la Historia. La mayoría de las veces, sólo somos capaces de quedarnos con los hechos, las fechas, los porcentajes y tonterías por el estilo que parecen sobrevolar en el limbo de nuestras conversaciones y que, desgraciadamente, nos impiden conocer con la profundidad necesaria que pasó verdaderamente a ras de suelo.

Más allá de los números, las religiones y las banderas, la gente de carne y hueso sufre y muere mientras nosotros parecemos olvidar la diferencia que existe entre la tinta y la sangre. A principios de los no tan lejanos años cuarenta, en media Europa, algunos seres humanos morían o vivían dependiendo de que ese día un “dios” rubio se hubiese tomado una de las pocas dosis de humanidad que le quedaban.

No eran sólo números los que morían (aunque los llevasen tatuados en los brazos)…

los que morían eran personas como tú y como yo.

De eso, precisamente, trata el museo Kazerne Dossin de Mechelen (Malines), Bélgica. De ponerle cara a las cifras, de escarbar en las grandes líneas de la Historia y rescatar las vida y la muerte de un grupo de seres humanos que sólo se diferenciaban de sus carniceros por estar obligados a llevar una estrella de David amarilla en la solapa o por el color rojo de la palabra “judío” que destacaba en sus carnets de identidad.

museo Kazerne Dossin

Desayuno con tranquilidad en Bruselas y, tras coger el coche, me acerco por la autopista hasta Mechelen. Tardo menos de media hora en llegar. El museo es un edificio de cuatro plantas, de color blanco, donde la luz tiene una importancia capital. Es algo que la arquitectura belga sabe hacer muy bien (por necesidad vital de sus habitantes).

Tras pasar la Seguridad y comprar la entrada (8 euros), en el hall principal puedo ver un documental (disponible en Inglés, neerlandés y francés) sobre la desgraciada relación entre los nazis y los judíos. Sin duda, es el primer mazazo. Aunque he leído bastante sobre el nazismo  y sus atrocidades, volver a ver determinadas imágenes y recordar la bestia que podemos ser y la locura que alberga nuestro interior se hace bastante duro.

museo Kazerne Dossin

Una vez terminado el vídeo, en la misma sala, puedo juguetear con unas pantallas interactivas en las que está disponible (con el mismo sistema de funcionamiento que una tablet) un buen número de datos y de fotografías sobre el holocausto y sobre los más de 25.000 judíos que fueron deportados desde Mechelen (Malines) hacia Alemania, Polonia o donde diablos quisieran los miembros de las SS de Himmler que sus cadáveres y cenizas debían estar.

A partir de aquí, me arrastro por las tres plantas del museo y escudriño su material intentando que me ayude a responder a la pregunta que está rebotando en el interior de mi vacío cráneo…

¿cómo fue posible? 

El material incluye fotografías de todo tipo, hojas de registros, documentación varia, páginas de periódicos, viñetas, vídeos, un fragmento de “El triunfo de la Voluntad” de Leni Riefenstahl y algunas sorpresas más que sirven para destrozarme, sin permiso previo, mis entrañas.

museo Kazern Dossin

Mirando esta viñeta me doy cuenta de cómo seguimos pintando el mundo en blanco y negro, de cómo lo dividimos todo en dos bandos…

los nuestros; los guapos, los listos, los educados, los que tienen mesura… los buenos.

y ellos; los feos, los ricos, los derrochadores, los que nos roban lo nuestro… los malos.

Y pienso en cómo se repite el mismo patrón allá donde hay seres humanos…

y pienso en cómo pudieron pasar de esto a lo otro…

y sujeto mis lágrimas.

 

Y las vuelvo a sujetar mientras miro un muro. En él puedo ver las caras (o las siluetas) de todos aquellos judíos que fueron llevados a campos de concentración desde Bélgica…

todos esos pobres hombres, mujeres y niños que alguien decidió que había que quitarse encima…

porque era la solución a todos los males de su patria.

 

Los que están coloreados fueron…

los únicos que sobrevivieron.

museo Kazerne Dossin

Y sujeto mis lágrimas…

y pienso….

¿cómo fue posible?

 

Y pienso…

¿será posible que se repita?

 

Y sujeto mis lágrimas…

y me marcho.

 

Sobre Luis Miguel Artabe 337 Artículos
Periodista, profesor, psicólogo de masas y #CommunityChamán. Como no me gusta la realidad me invento otra. Si vas contracorriente, soy tu salmón.

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