El último viaje

Hace pocos días llegó esta fotografía hasta mí. Sin buscarla, apareció entre mis manos igual que lo hacen las arrugas de mi alma. De ella no sé más que el nombre de cazador de instantes que la realizó (Cyril Byrne) y su nacionalidad (irlandesa). Desconozco el año en el que está tomada, hacia qué lugar concreto se dirige este pesquero fantasma o cuál es el género de la persona que viste el traje de madera que descansa al sol en el centro de la imagen. No sé nada… nada más que sus sombras me atraparon desde el primer momento.

Cierro los ojos e intento escapar de los ladrillos en los que se han convertido mis nubes. Si me empeño, puedo oler el océano Atlántico, sentir en mi cara el lascivo aliento de una mar que intenta besarme cada vez que la miro… si me empeño.

Si me empeño, puedo ver, al fondo, no muy lejos, una isla; quizá, una de las que existen junto a la costa oeste de Irlanda; una de esas donde los leprechauns y las banshees pasean cogidos de la mano tarareando canciones de los Chieftains… disfrutando de los acantilados más bonitos del mundo. Quizá, el barco se dirija a una isla en la que haya una ciudad para muertos, de esas donde todo está abierto por las noches y en las que es fácil comprar comida para gusanos y productos para poner el polvo.

Abro los ojos y veo cómo la proa del pesquero (con la ayuda de las tinieblas) delimita una composición triangular que dota de rumbo a la nao. A nuestra izquierda, el único personaje que está en la luz (compartiendo rayos de sol con un ataúd)  mira hacia el féretro…

quizá, porque sea el único que realmente está pensando en el muerto…

quizá, porque el finado sea su difunta esposa…

quizá, porque sea su último viaje juntos.

El resto de personajes no son importantes; y puede que no lo sean porque no sientan nada por la mujer (si es que lo es… o lo era) o puede que sólo estén ahí para cumplir con esa ceremonia socialmente establecida del funeral. Quizá, para eso están en las sombras y, quizá, para eso su oscuridad contrasta brutalmente con la luz del mundo que les rodea… con ese cielo y ese mar tan maravillosos que con tanto empeño queremos destruir…

quizá, estén ahí solamente para mostrarnos cuánta hipocresía hay alrededor del dolor ajeno.

Anclando el ataúd al barco se encuentra una alfombra. Nadie quiere que la mujer resbale en su último viaje.

Cierro los ojos y me dejo llevar. Escucho una melodía celta entonada por una sirena pelirroja y pecosa y pienso en este billete de ida que todos tenemos comprado…

pienso…

mientras unos elucubran, otros tienen fe, otros asienten, otros desconocen, otros niegan…

pienso…

mientras ninguno sabe a ciencia cierta…

que es lo que nos vamos a encontrar cuando nos ahoguemos.

Sobre Luis Miguel Artabe 337 Artículos
Periodista, profesor, psicólogo de masas y #CommunityChamán. Como no me gusta la realidad me invento otra. Si vas contracorriente, soy tu salmón.

3 Comentarios

  1. Este post creí haberlo leído hace meses y veo es de principios de mes. Debe ser, porque recuerdo parte de mi comentario sobre tu arte para adornar la narración de un velatorio y hacerlo agradable sin perder un ápice del respeto debido.
    Comprendo que haya que ir borrando comentarios por razón de sitio.
    Un saludo.

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