¿Obsesión por la música?

Tengo una vecina ucraniana (rubia y de 1,79) que vive puerta con puerta conmigo. Ayer, a primerísima hora de la mañana, tuve un encuentro ocasional de escalera con ella; quiero decir (lo explico para los malpensados), que nos cruzamos y empezamos a hablar de temas triviales. Ya sabéis, eso que hacen todos los vecinos.

Pasados unos minutos de conversación, me dio la impresión de que lo que quería Anieska es que tuviéramos una cita. Lo típico, temas que se suceden sin ton ni son, risas un poco exageradas, miradas poco habituales, en fin, ¿qué os voy a contar? Sin embargo…

– Te puedo preguntar una cosa Luis Miguel- dijeron sus enormes ojos azules.

– Claro, no tengas miedo Anieska- contesté como hacen los sobrados que lo tienen todo controlado justo antes de mostrarse falsamente sorprendidos.

– Es que me da un poco de vergüenza- dijo ladeando la cabeza.

– No seas tonta, dispara- dije sonriendo levemente con la parte derecha de mi cara.

– Ok. Mira, lo diré del tirón: creo que estás obsesionado con la música.

– ¿Qué?

– Pues eso, que estás obsesionado por la música.

 

Silencio, fruncimiento de ceño y acumulación de energía.

 

– ¡No es verdad!- me defendí con más pena que gloria.

– ¿No te cansas, Luis Miguel? Siempre estás o tocando la guitarra o escuchando música- me dijo en un perfecto francés con acento de agente de la KGB.

– Pues no. No me puedo cansar de algo que no es cierto- respondí tajantemente.

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Molesto con ella, con el mundo y con las injusticias sociales a las que estaba sometido me largué de su lado en menos de dos semicorcheas.

– ¿¡Cómo me puede decir eso a mí!?

Tardé un “American Pie” de Don McLean en llegar al metro y, después de un “Proud Mary” de la Creedence, un “Badlands” de Bruce Springsteen, un “Fields of Anthenry” de los Dublinners, llegué al curro durante el solo de violín de “Fisherman Blues” de los Waterboys.

Tenía muchas cosas que hacer, así que me puse a trabajar sin dilación mientras (de fondo) se sucedieron el CD de “Dark side of the moon” de Pink Floyd, el de  “Nebraska” del Boss y el de “A night at the opera” de Queen.

A media mañana, bajé a tomar el café y el pincho, estando de vuelta en menos de lo que tardan en terminar “Enter Sandman” de Metálica, “Alive” de Pearl Jam, “I fought the law” The Clash y “Zombie” de The Cranberries. Fui apagando fuegos en mi trabajo al tiempo que en los altavoces de mi ordenador se sucedieron los CDs “Who’s next?” (Who),  “Voyager” (Mike Oldfield) y la banda sonora de la película “Into the wild”.

Tras despedirme de mis compañeros (escuchando “Going home” de Mark Knopfler) emprendí el camino de retorno a casa. Al salir de la oficina me crucé con una ambulancia que pasó a todo velocidad (hubiera jurado que la sirena estaba afinada en La).

“Pacto entre caballeros” de Sabina, “Maneras de vivir” de Leño, “No puedo vivir sin ti” de Coque Maya, “A la luna se le ve el ombligo” de Fito y “Clandestino” de Manu Chau fueron los temas elegidos para acompañarme hasta mi hogar. Subí las escaleras escuchando  “Boheminan Rapsody” de Queen y no paré el MP3 hasta que me cambié de ropa. Me puse a cocinar al ritmo del “Aqualung” de Jethro Tull y comí paladeando el “Rush” de los Rush.

Como es habitual, decidí echarme la siesta con Diana Krall (matizo, con la música de Diana Krall) y, cuando me desperté, me puse a leer un rato junto a Nina Simone . Cuando terminé, cogí mi guitarra y toqué “Apuesta por el R’N’R” de Bumbury (aunque la subí un par de tonos para no hacerme daño en la garganta).

Me levanté, fui al baño, me miré al espejo y, en lo que tarda Freddie Mercury en entrar a cantar en “We will rock you”, me di cuenta que lo que me había dicho mi vecina quizá pudiera tener una base de razón.

Vale, vale, que era cierto.

Así que dos blancas y tres negras después llamé a su puerta de su casa al ritmo de “Mensage in a Bottle” de los Police. Anieska abrió, me miró y sonrió igual que lo hace Alice Cooper al salir del Backstage en dirección al escenario.

– Tienes razón- le dije con sumisión.

– ¿Tan difícil era reconocerlo?

– No me había dado cuenta.

– Como buen hombre, nunca te das cuenta de nada.

– Tampoco te pases.

– Que no, que no te das cuenta de nada.

Breve silencio.

– ¿Te apetece que cenemos esta noche?- me dijo apuntando a mis entrañas.

 

Corazón parado, sangre parada, cerebro parado.

 

– No te preocupes Luis Miguel, me paso por tu casa en cuento esté lista.

– Y eso… será… más o menos… ¿cuándo?

– Más o menos en lo que dura “All right now” de los Free.

Sobre Luis Miguel Artabe 337 Artículos
Periodista, profesor, psicólogo de masas y #CommunityChamán. Como no me gusta la realidad me invento otra. Si vas contracorriente, soy tu salmón.

7 Comentarios

  1. Cualquier escrito tuyo me parece corto. Lo bueno se acaba enseguida. Es la gracia que tienes al escribir, claro, conciso y suculento.
    Si te hubiera leído antes de escribir mi post de hoy, no habría podido hacerlo, porque lo veo, largo, farragoso, poco centrado y cansino. Ha de haber de todo en la vida, y te digo que aún se me da peor expresarme oralmente. Lo único bueno es que lo tengo asumido.
    Un saludo de este envidioso.

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