Nelson Mandela ha muerto… y yo no puedo parar de vomitar

Nelson Mandela murió el pasado 5 de diciembre dejándonos huérfanos de figuras universales, de signos evidentes de que otra humanidad mejor es posible…

de que en el futuro, quizá, el ser inhumano se convierta en algo mejor…

en algo que merezca la pena.

 

Pero, si bien la muerte de Mandela era esperada…

por ser hombre de carne y hueso… de 95 años… 27 de ellos en la cárcel…

las diferentes reacciones políticas también lo fueron….

como siempre, en estos casos.

¿Qué tendrián que decir los Obama, Cameron, Putin o Rajoy sobre su vida y milagros?

 

Moviéndome al capricho de las mareas que empujan a los medios de comunicación, fui escuchando cada una  de ellas y se me fueron removiendo cada centímetro cuadrado de mis intestinos. La tristeza inicial se fue tiñendo de rabia e impotencia a brochazos.

Entendedme…

¿cómo diablos…

cómo narices…

el tipo que mantiene abierto Guantánamo, que espía cada una de nuestras conversaciones y que utiliza drones para ejecutar personas que ningún juez ha sentenciado…

cómo es capaz de pronunciar, siquiera su nombre? ¿Cómo es capaz de decir que es todo un ejemplo a seguir?

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¿Cómo es posible que los líderes de aquellos gobiernos que persiguen a los homosexuales, que impiden que todos tengamos los mismos derechos, que encierran a disidentes, que corrompen nuestros estados, anhelen ponerse delante de las cámaras para decir sandeces sobre «Madiba»?

(Parecían participantes de un concurso de belleza pidiendo la Paz Mundial)

¿Cómo es posible que los mandatarios de potencias que permiten (cuando no, favorecen) la opresión a la que está siendo sometida África (y otras partes del mundo) puedan pronunciar las falacias que salieron de su boca?

Claro, todo esto, por no hablar de representantes de gobiernos que están salpicado por repartirse el dinero de todos, que deciden poner cuchillas en las vallas para que los inmigrantes se mutilen con ellas,  que no son capaces de echar una mano a las familias que intentan recuperar los huesos de sus parientes que aún yacen en las cunetas de las más sinuosas y oscuras carreteras secundarias o que restringen todas las libertades habidas y por haber con leyes escritas con eslabones de titanio.

¿Cómo… cómo… cómo pueden decir ni «mú»? ¿Cómo pueden valorar una figura que está en las antípodas de su política y de su personalidad? ¿Cómo pueden sumarse a su significado?

¿Cómo pueden respetar las ideas que mancillan cada minuto?

 

Así que, entendeme, se me revuelven las tripas…

no puedo con toda esta banda de hipócritas encorbatados.

Alguien tiene que decirlo:

¡NO NECESITAMOS PALABRAS VACÍAS DE CONTENIDO!

¡NECESITAMOS GESTOS!

 

Probablemente, Mandela les hubiera perdonado por todo esto…

o hubiera intentado convencerles.

 

Pero yo no soy Nelson Mandela…

por eso estoy vomitando cada una de las palabras de este texto.

 

http://www.youtube.com/watch?v=6dTfIJJGA4c

Sobre Luis Miguel Artabe 337 Artículos
Periodista, profesor, psicólogo de masas y #CommunityChamán. Como no me gusta la realidad me invento otra. Si vas contracorriente, soy tu salmón.

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