Halloween

Calabazas, fantasmas, brujas, facturas de la luz, jinetes sin cabeza, sátiros, vampiros, miembros del Gobierno, zombies… todos se dan cita la noche de Halloween para tomar los colegios, las paradas de autobús, las cuentas de Facebook  y, finalmente, los bares de copas.

-¡A la hoguera con todos!- grita Torquemada olvidando la permisividad crítica absoluta que existía durante el carnaval medieval.

He de reconocer que a mí siempre, quizá por mi espíritu dionisíaco, me gustó Halloween. Y no por el hecho de que esta celebración clave sus raíces en el paganismo ni porque los irlandeses se la llevasen en sus maletas a los Estados Unidos ni porque sea una de las pocas tradiciones precristianas que de una manera u otra sobreviven entre nosotros… no. Ya había disfrutado de varios Halloween cuando miré por primera vez  la Wikipedia y me enteré de todas estas cosas.

Supongo que lo que, en un principió, me llamó la atención fue poder disfrazarme una vez más, sin miedo a que me señalaran con el dedo, «salvo los ciegos, es natural». Tengo diagnosticado un mal genético y agudo que se denomina complejo de Mortadelo y que me obliga compulsivamente a disfrazarme a la mínima ocasión que se presenta. Y, claro, dando rienda suelta a mi enfermedad, ¡esta fiesta es maravillosa! Además, Halloween me permite codearme una noche entera con las criaturas de la noche… terroríficas y atrayentes al mismo tiempo.

¿Qué hay de malo en eso?

-¡Pues que no tiene nada que ver con nuestras tradiciones!- vomita Torquemada desde la última caldera a la derecha del séptimo Infierno.

En mi opinión, esta fiesta es perfectamente compatible con la  «Todos los Santos». Sobretodo, porque no se celebran a la misma hora. Además, también es una manera divertida de acercar la naturalidad de la vida y de la muerte a los más jóvenes. Quien quiera celebrar una u otra o las dos o, incluso, otras tradiciones alternativas que existen en multitud de lugares y que también son muy atrayentes puede hacerlo; ¿por qué tenemos que obligar a los demás o criticarles por hacer algo diferente?

-No se puede celebrar porque… ¡porque es parte de la fagocitación cultural norteamericana!- suplica Torquemada mientras Lucifer intenta imitar los tormentos de los cuadros de El Bosco con su cuerpo.

Llevas parte de razón, amigo, pero…

por ese mismo motivo…

¿también vas a dejar de ver el 99% de las películas, de las series de televisión y de los cómics que consumes? ¿No vas a ser capaz de valorar algo por el hecho en sí? ¿En serio?

Silencio en el infierno.

Pues bien os reitero: en mi modesta opinión, que cada uno celebre lo que quiera, sin meterse con los demás. Yo, por mi parte, seguiré disfrazándome de ser humano siempre que pueda, pero sólo hasta el amanecer.

Sobre Luis Miguel Artabe 337 Artículos
Periodista, profesor, psicólogo de masas y #CommunityChamán. Como no me gusta la realidad me invento otra. Si vas contracorriente, soy tu salmón.

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