¿Qué visitar en Cerdeña?: Gavoi, Sarule y la Santissima Trinità di Saccargia (V)

Días 5 y 6

He dormido en el hotel Taloro (Gavoi). Un gran caserón junto a al bonito lago de Gusana. El hotel tiene cosas buenas y malas, aunque no me gusta que los profesionales no se fijen en algunos detalles (pintura desconchada en la pared, no funcionan ni dos enchufes ni una bombilla de mi habitación, los vasos del baño son de plástico…); de todas maneras, nada importante que no pueda superar con un poco de optimismo vital. Aquí se celebrará el banquete de la boda a la que estoy invitado. Sin embargo, he de desplazarme a Sarule para la ceremonia religiosa.

Gavoi Cerdeña

Un oceáno de curvas y más curvas intenta ahogarme en la carretera. Atravieso Gavoi y cada vez que me cruzo con un coche rezo tres padrenuestros y dos avemarías. La estrechez de la travesía encoje mi corazón y creo que hasta mi coche. Mareado como el pasajero espacial al que acaban de «deshivernar» llego a Sarule, donde está la casa de Rossana (la novia).

Empiezan las primeras bebidas y viandas para picar. El ambiente es estupendo. Llega un elegante novio acompañado de su familia (Nicolas) y toca esperar allí hasta que salga su futura esposa. Pienso en que este método de ir a buscar a la novia a casa es bueno para evitar la posibilidad de que la chica no se presente en la iglesia en un último arrebato de cordura.

Sale la novia, guapísima. Varias ancianas de luto riguroso portan platos con lentejas que van tirando sobre los novios; luego tiran los platos al suelo. La tradición dicta en que es la manera para ahuyentar a la mala suerte.

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Toda la comitiva parte en procesión hacia la iglesia; hace mucho calor, demasiado. Decido quitarme la chaqueta del traje… ya no me la volveré a poner. La ceremonia es bonita. Me llama la atención, sobretodo, el coro. Algunas de las melodías me recuerdan a las tonadas de mi tierra. Tan cerca, tan lejos…

Los rostros de las gentes que tengo a mi alrededor, el acento de su italiano, las ropas, esta celebración… por un momento pienso que soy un actor secundario en una película de Federico Fellini.

Sarule no es un pueblo especialmente bonito, sin embargo, cabe destacar una serie de murales que hay pintados por todo el pueblo y que le dan un toque diferente. También hay pintadas en favor de la revolución. Los trabajadores del campo están siempre a la cola de las cabezas no-pensantes que gobiernan todos los países.

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Volvemos a Gavoi. La carretera de las curvas parece reírse de todos nosotros.

– Juraría que hay más curvas – me digo mientras voy desplazándome de un lado a otro del asiento e imagino a Petter Solberg tomando cada una de ellas con el freno de mano.

Menos mal que aún no he bebido nada serio. Dejo la chaqueta y la corbata en la habitación y comienzo el maratón: aperitivo, comida, merienda, cena… no paro de comer en todo el día. En varias ocasiones creo que voy a explotar. El vino de la tierra, bien sea blanco o tiento entra solo… por lo que se comenta.

Las horas pasan y la novia decide que ha llegado el momento de tirar el ramo. Las chicas, apenas, pueden moverse (o no quieren… o no quieren que se les note su interés).

Me voy a la cama a las tantas de la mañana; me lo he pasado genial. Me miro en el espejo al llegar a la habitación, parezco un caminante de The Walking Dead.

Al día siguiente me levanto sin muchas ganas de desayunar. Aún así, y con un esfuerzo sobrehumano, consigo comportarme bien en el comedor del hotel.

Como no me he levantado muy tarde, creo antes de ir al aeropuerto me va a dar tiempo para visitar un par de lugares. Investigo en mi guía de Cerdeña y veo que de camino me pillan un par de bellas iglesias románicas y unas ruinas de los antiguos pobladores de la isla; los tres lugares están muy próximos entre sí.

Me subo al coche, paso el tramo de las mil curvas, vuelvo a pasar por Ottana, Macomer y antes de llegar a Sássari tomo una desviación a la izquierda por donde pienso que están los tres sitios que quiero ver. Me confundo, me creo encontrar, me pierdo y, por fin, me vuelvo a encontrar.

Llego a Ardara, un pueblo con una bonita igleisa románica (Santa María del Regno). Son las dos y media y está cerrada.

– ¡Mierda!

Afortunadamente, tiene un cristal desde el que puedo sacar unas fotos. Ya en casa, me daré cuenta de la pequeña joya que estuve a punto de pisar.

Ardara Cerdeña

Parto a por mi siguiente objetivo: las ruinas del Noraghe di Camarzu. En teoría están en los alrededores de un pueblecito que se llama Ploaghe y que está muy cercano. Subo, bajo, doy una vuelta al pueblo, dos, giro, me meto por una dirección prohibida… y nada. No las encuentro. Tampoco me sobra tanto tiempo, así que decido desistir.

Cuando me estoy dirigiendo hacia la Santissima Trinità de Siccargia veo que la iglesia románica de San Miguel de Salvènero está junto a la carretera. Reduzco, me lo pienso, reduzco más y, finalmente, decido proseguir. Cuando tengo que coger un avión me suelo convertir en el conejo con la obsesión obsesiva-cumpulsiva por el tiempo del País de las Maravillas.

Saccargia Cerdeña

La Santissima Trinità de Saccargia es una preciosidad. Sin duda alguna, la más importante iglesia románica de Cerdeña. Situada sola en una explanada donde sólo hay un bar con baño de pago (50 céntimos), es una visita obligada para los turistas que vienen a esta isla.

Saccargia Cerdeña

Por dentro, con los frescos policromados del Ábside…

O, por fuera, con la decoración policromada de los arcos, sus capiteles tallados y sus paredes de casa de Beetlejuice

Saccargia Cerdeña

No hay excusas; hay que visitarla. Se llega muy fácil por una salida que está a unos ocho kilómetros de Sássari. Entrar en la iglesia cuesta dinero, creo recordar que tres euros por persona, pero ¡qué es eso comparado con el éxtasis que produce la Historia del Arte!

Tras tomar una coca-cola light me dirijo hacia el aeropuerto. Lleno el depósito, devuelvo el Fiat Panda y me siento plácidamente a esperar. Una pareja se cuela de todo el mundo

– ¡Luego les echaremos la culpa a los políticos! – digo en francés con el volumen justo para que me oigan. Estoy harto de la gente que no es capaz de respetar una cola (no es el caso de Lorena Bobbit, claro).

Vuelo hasta Charleroi y de ahí en bus hasta Bruselas en bus. Ya estoy en casa. He disfrutado de una isla que merece la pena ver y de la estupenda boda de unos amigos.

Pienso en todas los sitios que he visto (Alghero, el capo Caccia, el capo del Falcone, Stintino, Sássari, Porto Torres, Castelsardo, Bosa, Tharros, Sarule, el lago Gusana, Satissima Trinità de Saccargia) y también en la gran cantidad de lugares que me han quedado por ver (Cagliari, la tumba de Garibaldi, el archipiélago de la Madalena, Su Nuraxi, el tampio di Antas, la isola de San Pietro, Bahia Chia, Arbatax, el parque nacional del Gennargentu, Serra Òrrios, Burgos, Villasimius, Orgòsolo, Tiscali, Nuoro, Oristano…). Después de este viaje me ha quedado clara una cosa: más pronto o más tarde, tengo que retornar a Cerdeña.

Buenas noches.

Día 1

Día 2

Día 3

Día 4

Días 5 y 6

Sobre Luis Miguel Artabe 337 Artículos
Periodista, profesor, psicólogo de masas y #CommunityChamán. Como no me gusta la realidad me invento otra. Si vas contracorriente, soy tu salmón.

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