¿Qué es la envidia?

Nuestro camino no es otra cosa que aquel reguero de pasos que vamos dejando detrás de nosotros.

Olvidándolos, perdiéndolos…

A lo largo de nuestras vidas hemos ido tomando decisiones acertadas, decisiones erradas y, a veces, simplemente hemos dado tumbos por entre las sombras que han escupido los árboles contra nosotros. Por eso, nuestro recorrido está plagado de colinas de incomprensión y de pasividad vecinal que hemos ido superando como hemos podido; repleto de descensos a universos subterráneos en los que hemos sido mordidos mil veces por cada una de las cabezas de Cancerbero.

Sin paliativos, la vida ha sido subir y bajar y, a veces, un extraño sabor a hiel mezclado con la apariencia del ascenso o del descenso.

Sin embargo, lo verdaderamente preocupante, es que aunque hayamos caminado alrededor de La Tierra 1000 veces, aunque hayamos pavimentado con oro nuestros pasos, cuando miramos a nuestro alrededor no nos fijamos en nuestras huellas; no somos felices con ellas. Hayamos tenido lo que hayamos tenido, tengamos lo que tengamos siempre miraremos los caminos de los demás con el rabillo del ojo…

sus piedras, sus sandalias, su espanto.

Una y otra vez cometemos el pueril y genético error de medir la grandeza de nuestras pisadas comparándolas con las de los demás. No importamos sólo nosotros; importamos solamente en función de los demás. Nos cuesta ser felices cuando hay gente más feliz que nosotros… aunque sea en apariencia.

Y eso, amigos y amigas, precisamente eso es la envidia. Pecado capital desde que el Papa San Gregorio Magno describió cuáles eran los siete pecados capitales; compañera de viaje desde el principio de los principios… desde Caín y Abel…

desde Adán y Eva… desde Lucifer y Javhé.

si existieron…

si existen…

si existimos.

Siempre hemos deseado poseer todo lo que los demás poseen. Su ropa, su esposa, su granero, sus éxitos… su apariencia de felicidad… todo aquello que no tenemos, todo aquello que tenemos, todo aquello que consideramos que debería ser nuestro; como una cadena terrible que nos ata al destino de los otros. Una cadena atada a sempiternos eslabones de mierda que ahogan nuestra felicidad y nos atan al destino de los demás.

La envidia está en nosotros, es parte de nuestro instinto de perpetuación de la especie. Es parte de nuestra maldita condena.

Desgraciados seres envidiosos de la envidia… destruidos por la envidia.

¡Oh deseado camino ascendente! Desearemos ser lo que no somos, aunque sólo sea un ser humano el que camina por una llanura con un piolet en la mano…

Es como si nunca nos hubiera importado ser felices. Es como si hubiéramos comido del Árbol de la CIencia porque antes otro había comido de él, como si hubiéramos matado a Abel para que dejara de ser más «especial» que nosotros.

Eso somos. Ése es nuestro pecado original. Ése es el pecado que algunos no serán capaces de sublimar nunca por muchas posesiones que sean capaces de portar en su camino.

Su deseo… su voluntad… nuestros engaños. Y al final…

la satisfacción de la envidia sólo es una sonrisa que durará 5 segundos…

una sonrisa que se apagará en cuanto empecemos a envidiar otra cosa.

Sobre Luis Miguel Artabe 337 Artículos
Periodista, profesor, psicólogo de masas y #CommunityChamán. Como no me gusta la realidad me invento otra. Si vas contracorriente, soy tu salmón.

2 Comentarios

Responder a Luis Miguel Artabe Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*


Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.