Marionetas de carne y hueso

Esta mañana he tomado un café con un par amigos. A la izquierda del cuadrilátero estaba sentado Mustapha, un amigo que procede de Tánger, Marruecos. A mí derecha, con no sé cuantos kilos de peso, sin duda los justos, estaba sentada Christine; congoleña.

La trascendencia de la mayor parte de la conversación es nula para las personas que no estaban compartiendo ése espacio-temporal con nosotros. Cosas absurdamente imprescindibles sobre la intrahistoria de la sociedad bruselense.

– ¿Qué tal tu niño?

– Muy bien.

– ¿Tus padres?

– El abuelo está pachucho.

– El perro ha dejado de fumar.

– Me alegro

– Casi no le ganáis a Georgia.

– ¿Dónde está Georgia?

– ¿Viene el nombre de Jorge?

– No lo sé.

– Tengo una nueva profesora de inglés. Está loca.

– Seguro que desayuna “fish and chips”.

– ¿Santander está en el País Vasco?

– ¿Lloverá hoy?

 

Ya sabéis, las cosas normales entre colegas. La trascendencia de lo intrascendente.

 

Hasta que…

 

Surgió el tema “trabajo”. Y no por Christine, que no le preocupa encontrar ahora mismo…

– Estoy buscando… pero de manera “cool”.

Ni por mí, que preferí apurar mi capuccino.

El problema surgió con Mustapha. Licenciado en derecho, con un niño de 7 meses, un Máster, una bicicleta y 3 idiomas…

 

Deprimido.

No encuentra nada.

 

– Anímate.

– Te damos todas las energías positivas.

– Seguro que encuentras algo.

– Tranquilo.

– En breve tal y cual.

– ¿Una cerveza?

– Ya verás como cuando menos te lo esperes…

 

Las cosas que se le suele decir a alguien para que no desespere aunque sepas que no va a ser fácil.

(Quiero hacer notar que vivo fuera de España. Lo de “tranquilo”, “seguro que encuentras algo” no tiene sentido en España salvo que seas familiar o pareja de algún político).

Pues bien, allí estábamos, sorbito a sorbito cuando, como si de un rayo de Zeus se tratase, la voz de Mustapha sonó con un “reverb” especial que nos dejó petrificados.

 

Se dirigió a mí tras mis últimas palabras de apoyo…

– Para ti es muy fácil decir eso.

– ¿Para mí? ¿Por qué?

– Porque eres blanco.

 

 

Silencio.

Sonrisas forzadas.

Mirada agria.

 

Silencio.

 

Aún flipando.

 

Y, en efecto… acertó: soy blanco… por lo menos por fuera. Muy blanco… por lo general, bastante pálido… y cano y alto. ¿Y?

Y no era el único en la mesa porque hasta Christine, habitualmente negrísima, se quedó blanca.

 

He estado intentando desgranar lo que había sucedido. Por qué un acto de apoyo había derivado en un disparo a la cabeza.

Entre mis desvencijadas neuronas he encontrado esta fórmula que quizá nos ayude:

 

Toque de mierdamundo + desesperación + algodeverdad + lavadocerebral

 

Y me ha dejado muy triste. Porque estaba fuera de sitio.

Porque, al final, confundimos el todo con alguna de sus partes.

Porque si una vez me rayaron el coche en Zamora todos los de Zamora son unos…

Porque supongo que bastante tienen alguno de Tordesillas con ser de Tordesillas y no poder decir que estás hasta los cuernos del Toro de la Vega…

Porque nos manipulan.

Porque nos hacen creer que somos mejores y estamos injustamente oprimidos.

Porque cuando llueve nos mojamos todos menos los que se han hecho un paraguas con la piel de nuestros amigos.

Porque sí…

Porque no.

 

Y nos dejamos llevar por los estereotipos que dictan los de arriba para que las cosas les favorezcan a ellos.

Y odiamos y amamos las cosas que nos dicen que tenemos que odiar y amar.

Y nos avinagramos,

y nos reímos…

y bebemos bilis a borbotones

mientras algunos cuentan su dinero.

 

– (Te odia) Me odias.

– (Te odia) No, tú me odias a mí.

– (Te odia) No, tú me odias más a mí.

– (Te odia) No, tú me odias muchísimo más a mí.

– (No tienen ni idea) No tienes ni idea.

– (No tienen ni idea) No, tú no tienes ni idea.

– (No tienen ni idea) No, tú si que no tienes ni idea.

– (No tienen ni idea) No, tú sí que no tienes ni la más remota idea.

– (Hazte valer) Puño.

– (Hazte valer) Puño, cuchillo.

– (Hazte valer) Puño, cuchillo, pistola.

– (Hazte valer) Puño, cuchillo, pistola, granada.

 

Somos marionetas… enormes marionetas de carne y hueso.

Y lo peor es que no necesitamos ni hilos para que nos dirijan.

Parece que queremos ser dirigidos.

 

Y como si nada hubiera pasado…

al final…

lo que hacemos siempre…

 

– Parece que va a llover otra vez

– Sí.

– Tardará un rato todavía.

– Vaya mierda de tiempo.

– Si lo comparo con España…

– Pues imagínate con Marruecos…

– No os voy a hablar del Congo…

 

Y todo volvió a la normal normalidad.

O casi…

 

Sobre Luis Miguel Artabe 337 Artículos
Periodista, profesor, psicólogo de masas y #CommunityChamán. Como no me gusta la realidad me invento otra. Si vas contracorriente, soy tu salmón.

2 Comentarios

  1. Interesantes reflexiones. Vivimos en un mundo tremendamente dinámico, todo lo hacemos deprisa, no te paras a pensar… son tantas las exigencias profesionales, económicas o personales que no te detienes. Desde que naces te inoculan unas necesidades que no son reales pero que orientan nuestros gustos, nuestros pensamientos, nuestras necesidades etc… Somos simples marionetas? si, pero no, cuando te das cuenta de lo que ocurre es el momento de parar pero para reflexionar hay que detenerse y eso no es nada fácil porque el propio sistema te tiene atrapada. Parar, pensar y cambiar para iniciar el camino del libre pensamiento es mucho más difícil de lo que inicialmente parece. Ir a contracorriente, cansa. A pesar de ello, siempre hay que intentarlo.

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