I – La duda de Juan Bautista

En una ocasión, Juan Bautista paseaba ensimismado por Angelical Park. Le daba vueltas y vueltas a un tema que le tenía muy preocupado. Y quiero que penséis en lo costoso que es para un hombre como Juan, que perdió literalmente su cabeza por los deseos de una mujer, tener una preocupación en una parte de su cuerpo que lleva entre las manos. Algunos seguro que ya sabéis de que habló.

La cuestión es que, tal era el tormento, que sin darse cuenta tropezó con la presencia embriagadora de Dios que estaba sentado a la derecha de una terraza de una las cafeterías más conocidas del Cielo.

Juan pidió perdón por su torpeza y quiso seguir adelante. Dio tres pasos y… desandó dos para girarse y levantar un dedo de la mano derecha. Sin dilación se saltó todos los protocolos y la milenaria tradición de la cita previa y emitió unos sonidos temblorosos…

– Puedo sentarme un segundo, Señor.

– Será más de uno. Pero puedes.

Juan, que era amigo del Hijo, tenía la increíble e inverosímil ocasión de hablar con su padre, con el Padre de todos y, así, despejar la duda que le corroía las entrañas desde el día de su muerte. Se sentó junto al Señor y colocó su cabeza sobre la mesa; comenzó a hablar…

– Hola.

– Hola.

– Perdón Señor; perdón por este asalto.

– Tranquilo, hijo mío. ¿Qué te sucede?

– Hay algo que me da vueltas a la cabeza y me tiene trastornado.

El Señor miró a la cabeza de Juan que hablaba desde la mesa mientras el cuerpo del bautista permanecía sentado en una silla detrás; ¡Y gesticulaba! A Dios se le iluminaron los ojos cuando tomó la cabeza del bautista y la pegó a su correspondiente cuerpo como si ensamblara un Playmobil.

– Gra… gra… gracias Señor.

– De nada, amigo. Me estaba poniendo muy nervioso. ¿Cómo no me habías pedido este milagro antes?

– En realidad tenía una petición hecha desde hace más de 300 años. Presenté los formularios pertinentes pero… bueno, no quiero hablar mal…

– Lo sé, los funcionarios. He de hacer algo con ellos. En cuanto llevan 1000 años en el mismo puesto ya se creen eternos e intocables.

– Ya, en la Tierra es igual.

– Bueno, pues espero haberte servido de ayuda.

– Sí, desde luego, aunque…

– ¿Aunque?

– Sí, aunque estoy muy agradecido por esto, no es lo que quería preguntarte.

– Ahh… vale. Entonces, ¿qué es lo que te preocupa?

– Pues, realmente… no es una crítica a tu obra ni nada así…

– Abrevia que tengo cosas que hacer.

La voz del Señor sonó con cierta impaciencia… diría que también con armónicos de severidad. Quizá cansado de tanta vuelta a la cerca para no hallar el pozo. Lo cierto es que Juan lo percibió rápidamente y escupió sin dilación lo que le preocupaba.

– Está bien… sin circunloquios, Señor, ¿por qué creaste lo masculino y lo femenino?

– No te entiendo Juan. El hombre y la mujer se complementan.

– Sí, precisamente por eso; si nos hubieras dado la posibilidad de ser hombre y mujer al tiempo no tendríamos tantos problemas como los seres humanos tenemos.

– Y, ¿qué problemas son esos?

– Pues todos. Guerras por la virtud de una doncella, violencia de género, la prensa rosa y el fútbol, violaciones, insatisfacción sexual, el iconoclasta desfile de Victoria’s Secret…

– Entiendo.

– ¿Entonces Señor?

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Divino silencio.

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– Mis caminos del Señor son inescrutables.

Juan agachó la cabeza en un gesto que dio la sensación de ser de asentimiento. La respuesta parecía haber aplacado sus dudas. Aunque fuera sólo por unos instantes la Palabra de Dios le había reconfortado. Sin embargo, nunca es buena idea dar un dedal de agua a un bautista. Siempre necesita más H2O y más… y más.

Tras morderse el labio inferior, Juan giró sus ojos hacia aquel anciano de barba y túnica blanca y le intentó preguntar…

– Pero Señor…

La Voz de Dios sonó como un trueno metido en una iglesia situada en una caverna esculpida por un bravío río subterráneo en la gruta más profunda que hayan conocido los tiempos…

– ¡Calla ya Juan! Se me está enfriando el pincho de tortilla y sé lo que me vas a preguntar… y no, ¡no tienes razón! ¿Te crees acaso que porque os hubiera creado andróginos los seres humanos seríais menos gilipollas?

Juan Bautista

Sobre Luis Miguel Artabe 337 Artículos
Periodista, profesor, psicólogo de masas y #CommunityChamán. Como no me gusta la realidad me invento otra. Si vas contracorriente, soy tu salmón.

3 Comentarios

  1. Dedicado a Juan Bautista «El Dubitativo»…y también a su compi y «sucesor» Jesús; a su amigo (hasta que dejó de serlo) Herodes; a la mujer de éste Heroidas y al ex-marido de ésta Filipo, hermano a su vez de aquel que, en su condición de Rey, dio la orden de decapitar al primero de los mencionados y fue recipendiario de la cabeza de marras servida en bandeja por Salomé. (¡¡¡Qué lío!!!).

    SONETO DE LA DULCE QUEJA

    Tengo miedo de perder la maravilla
    de tus ojos de estatua y el acento
    que me pone de noche en la mejilla.
    la solitaria rosa de tu aliento.

    Tengo pena de ser en esta orilla
    tronco sin ramas, y lo que más siento
    es no tener la flor, pulpa o arcilla,
    para el gusano de mi sufrimiento.

    Si tú eres el tesoro oculto mío,
    si eres mi cruz y mi dolor mojado,
    si soy el perro de tu señorío,

    No me dejes perder lo que he ganado
    y decora las aguas de tu río
    con hojas de mi otoño enajenado.

    FEDERICO GARCIA LORCA (1898-1936)

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