La poesía es un arma cargada de futuro

Parece que para algunos… que algunos otros (que somos más de lo que algunos piensan que somos algunos otros pero menos que los algunos originales) digamos que las cosas no van bien y que todo esto necesita un cambio es un insulto al Estado, al racionalismo y a la coherencia.

Bien, si esto fuera así… sería un insultador en potencia… ¡Qué en potencia! ¡Con 100 mil trillones de millones de watios por célula!

Se reafirma esos algunos, diciendo sobre algunos otros… que queremos la anarquía… que vivimos en una Wii donde sólo existe el juego de los Osos Amorosos buscando el arcoiris…

Pues vale… quizá sea cierto… pero…

Pero siendo sincero… no pienso cambiar. Me gusta decir lo que pienso… me gusta predicar en el desierto… me gusta crear de la nada historias que cuenten historias… poemas que no sean productos de alquimistas culturetas que sólo valen para mezclar palabras en una disolución disoluta de esperma de zombie y ojo de bruja estigia.

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Y si soy lo peor por creer que debo reclamar un cambio un cambio… pues nada, soy lo peor de lo peor…

Creo que el mundo que nos han creado se está haciendo insostenible y que dejarle a las finanzas corregir su error mortal y más mortal que haberles dado todo el poder antes de la creación de este mundo…

El cambio que debe de venir no es financiero…

El cambio debe ser un cambio mental…

Un cambio social…

Y quizá… sólo quizá… hasta un cambio penal…

 

No me gusta oir que la culpa es nuestra por gastar de más… por endeudarnos… por hipotecarnos…

Pero tienen razón… la culpa es nuestra… aunque no por eso (hoy mismo ya nos dicen que la solución está en volver a gastar otra vez)… no, la culpa es nuestra por soportarles… por callarnos… por reírnos de los que salen a la calle… por darles el poder sin pedir nada a cambio… por tontos…

Por eso debemos seguir predicando y repicando y volviendo a predicar… porque alguien les debe decir que somos tontos… mucho… pero que está llegando un momento que, aún sin cerebro social, podemos callar…

Y la culpa… ya sabéis… esa flema de estiércol que escupís… es de quien da créditos a quien no puede pagarlos, de quien mienta y falsea en las cuentas públicas, de los que generan paquetes con hipotecas que luego no valen ni lo que la casa de un caracol, de quien especula en los mercados, de quien quiere más y mas y más…

Hoy más que nunca, más que siempre… maldigo la poesía de los que no toman partido hasta mancharse (Gabriel Celaya)…

 

La poesía es un arma cargada de futuro

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmado,
como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

 

Sobre Luis Miguel Artabe 337 Artículos
Periodista, profesor, psicólogo de masas y #CommunityChamán. Como no me gusta la realidad me invento otra. Si vas contracorriente, soy tu salmón.

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