El Día Mundial del Jazz

En estos tiempos de cantantes adolescentes, negras que mueven el culo, sonrisas profident, rubias operadas y DJs caninos… en estos tiempos… precisamente en estos tiempos… se nos hace difícil creer que existan los pentagramas, con su lenguaje, con su magia…en estos malditos tiempos he de gritar que… que me gusta el Jazz.

Quizá soy de otra época. Quizá, incluso, soy de otra época de la que yo creo que soy o, incluso, soy de la época que creo que soy pero mi época es precedente a la época de la que debería ser… en fin… que me gusta el Jazz. Siempre me gustó. Nací con él. Lo recuerdo perfectamente…

Imaginaos a un niño con canas y barba de dos días agazapado en el útero de su madre. ¡No quiero salir! 15 años construyendo barricadas y unas trampas que habían cercenado más miebros que la peste bubónica. Y allí, en mi bat-cueva, feliz y escuchando a los Hombres G.

Las fuerzas del orden público lo intentaron todo… mostaza, gas mostaza, kepchup, las kepchup… galletas, un ZX Spectrum, diez Madelman… nada funcionó.

Sin embargo, no fue hasta que llegó la crisis económica cuando a mi madre, que tenía hipotecado el útero, lo perdió. Pasaron unas semanas hasta que los jueces le dieron la razón al banco, meses mientras tiraban de mi para sacarme de allí, pero al final… al final me deshalojarme de la manera más pueril. Con un vinilo… con una voz del averno (que se podría definir como gargajera). Con una música que me habló desde el exterior y me explicó lo que sucede cuando los ángeles marchan. Y… y me gustó. Y me relajé. Y me echaron…

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No pude hacer nada. Mis pies dieron un golpe de estado y acabaron con mi república y me llevaron al ritmo de Armstrong por el pasillo central del hospital Santa Clotilde de Santander. Y salí por la puerta esquivando pelotas de goma de unos antidisturbios con una directriz muy clara del Ministerio del Interior: caña (desgraciadamente no de las de beber).

Después de 6 meses en el calabozo por tenencia ilícita de placenta y tráfico de cordón umbilical llegué sin querer a mi primera tienda de vinilos. Y allí… ufff… y allí, en la mejor biblioteca del mundo… adquirí el «Kind of blue» de Miles Davis… y mi mundo cambió.

Antes de que el Emule exterminara aquella tienda ya me había llevado a casa los pianos Duke Ellington y de Thelonius Monk, la guitarra de Django Rienhart, los saxos de Charlie Parker y de Dexter Gordon y las voces de Ella Fitzgerald y Billie Holiday…

Como podréis suponer mis padres me echaron de la chabola que habían conseguido… aunque con el paso de los años lo entiendo. Era un follón… una casa pequeña y demasiadas cosas ruidosas dentro. Además, debías sobrevolar el piano para llegar a la nevera o esquivar un saxo para orinar… toda una experiencia…

Aysss… el Jazz. Para mí ya no hay marcha atrás. En ocasiones tan marchoso, en ocasiones tan culto o tan casposo… algo de negros, de bares oscuros con mucho humo… banda sonora de avariciosas rubias de labios rojos… de crímenes… de gangsters…

Todo es Jazz. Nada es Jazz.

Nacido a finales del XIX en los Estados Unidos, es un género musical que se ha expandido por todo el mundo por su especial manera de abordar la improvisación y el ritmo.

Se construye música decostruyéndola. Sa hace deshaciendo. Y, a mil leguas de distancia, se sabe si un músico sabe lo que es la música o si simplemente sabe ejecutar notas… o ni eso…

A diferencia de los culturetas pasados de rosca de hoy en día, yo soy mucho más clásico cuando escucho Jazz… y de todos lo ejemplos que podría poneros… hoy os dejo con el gran Coleman Hawkins… espero que os guste la mitad que a mí…

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Sobre Luis Miguel Artabe 337 Artículos
Periodista, profesor, psicólogo de masas y #CommunityChamán. Como no me gusta la realidad me invento otra. Si vas contracorriente, soy tu salmón.

4 Comentarios

  1. Ya veo, Luis Miguel, que cambias la política por el jazz al menos de momento. Cuando leas las portadas (y contenidos al respecto) de al menos dos grandes diarios españoles de hoy 1 de mayo te puedes quedar de piedra. La verdad es que están las cosas como para desviar la atención a la música. Pero tampoco creas que éste es terreno fácil. Hasta ahora me habrán desactivado cerca de un millar de vídeos musicales, especialmente por el asunto del copyright, en mi web de youtube. Y eso que ésta no tiene carácter comercial sino de estudio de investigación. A ello añade la censura -increíble en el siglo XXI- y otras razones menores. El jazz, minoritario, y el bueno de Louis Armstrong, uno de mis músicos preferidos, se encuentran entre los muchos que aún se salvan – tocaré madera- de los ataques. When the saints go marching in…Debe ser por eso.

      • Parece que los españoles, menos mal, ya no pasan de política. Hay que informarse bien para votar mejor y que cambien algunas, bastantes, cosas. La clave está en la Educación y en la Formación…Y a los políticos hay que pedirles una impecable gestión de los recursos públicos…Ideología, la justa. Tolerancia cero a la Corrupción. Y por supuesto, menos psicólogos -con todos los respetos para la profesión-, menos belicistas de la calle acunados por algunos poderes y menos oportunistas de la prédica religiosa que, en su conjunto, hacen su agosto en tiempos de crisis. Con las guerras que algunos montan se sale de las crisis -experiencia histórica que recordaba el otro día un conocido creador de opinión en un debate televisivo- pero me reafirmo en la idea de que el fin no justifica nunca los medios,

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