Las aceras de Bruselas

Una de las primeras cosas que llamarán la atención del viajero en Bruselas son las aceras. Son ideales si visitas la ciudad con una novia pija de las que no se quitan nunca los tacones y que ya no soportas o con un novio al que odias, que es exjugador de baloncesto, y que se hace esguinces de tobillo con solo mirarle.

Para qué voy a utilizar subterfugios: son un desastre. Es posible que estén pensadas para castigar el camino de vuelta a casa de los bebedores empedernidos de cerveza belga y así favorecer al lobby de las funerarias o, quizá, se deba a que el lobby del taxi gane más poder ante la imposibilidad de transitar por ellas.

Por supuesto, podéis pensar que estoy exagerando, que soy un friki que ha ido sacando fotos de las únicas partes que están mal de la ciudad o que he sido contratado por el servicio de prensa del ayuntamiento de Amsterdam para desviar el turismo a la cercana capital de Holanda (esto último no fuera malo… @lmartabe está abierto a ofertas). Pero no es así, os lo aseguro. Son terribles. Mi recomendación es que el viajero se agencie unas buenas botas, sobretodo en invierno. Imaginad este desbarajuste con agua, nieve o, incluso hielo.

Para concluir, le señalaré al viajero la extrañeza comparativa que me surge al darme cuenta de que las aceras de mi Santander  natal son mil millones de veces mejores que las de la capital de Europa… eso sí, de la comparativa en posibilidades laborales… mejor no hablamos.

 

Sobre Luis Miguel Artabe 337 Artículos
Periodista, profesor, psicólogo de masas y #CommunityChamán. Como no me gusta la realidad me invento otra. Si vas contracorriente, soy tu salmón.

5 Comentarios

  1. En las fotos parecen hasta decentes, pero en la realidad son mucho peores. no puedo dejar de acordarme de los discapacitados y de la gente mayor que tiee que bregar con esas aceras a diario.

  2. En Santander las pocas calles o plazas que quedaban con adoquines antiguos se las cargaron. La plaza Porticada era tipo calzada romana, y tenía su encanto en cuanto a que sabía a tradición, como un enlace con mi niñez, pero la especulación de los alcaldes, empeñados en cambiar aceras haga o no haga falta, modernizó todo en exceso, perdiendo algunas calles parte de su personalidad.

  3. Añádele nieve a estas aceras (algo bastante común en invierno) y échate a temblar.
    Un aplauso para las belgas que, pese a las adversidades, van con tacones de aguja. Son una raza superior.

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