Primera lección de cocina (II)

Segundo intento

Buscas en la filosofía Zen, la Zen Sui, el Tao, las piedras celtas, el Angry Birds y el Call of Duty la solución que te permita conseguir centrarte en el mundo de los vivos después de la carne girante enrollada en un Durum que te has comido. Es difícil. Te devanas entre el mundo de los fantasmas y este plano de la realidad sin tener las fuerzas suficientes para escapar en ninguna dirección.

Al final, la mayoría de las veces logras retornar hasta colocar los pies en el suelo. Abres los ojos como lo deben de hacer los ahogados que vuelven a la vida tras el boca a boca y te das cuenta de que algo te está apartando de tu sagrada misión. Los huevos con beicon siguen sin estar hechos. ¡Aún no has empezado!

Como buen parado ves la tele, discutes con tu madre que te dice que algo habrás hecho para quedarte en paro y descubres que se han confundido los de la luz en la factura. Llamas, te responden un ordenador. Te entiende mal, te cagas en todo, te entiende peor, te pasa con algo parecido a un ser humano. Habláis dos idiomas diferentes.

–         Es que te hemos estado cobrando de menos, pero ahora te cobramos seis meses de golpe lo        que es, por eso asciende a 300 euros la factura.

–         Si es un error vuestro deberíais pagarlo vosotros, ¿no?

–         No.

–         Pues no tengo ese dinero.

–         Pues te cortamos la luz.

–         ¿Se puede fragmentar?

–         Sí, sí, claro.

Y encima recuerdas el dinero invertido en el Durum y en todo el colesterol que llevas encima. Todo te da vueltas. Miras el reloj, también da vueltas. Bueno, en realidad las manecillas ya lo hacían antes. Ahora la sensación es de velocidad.

Te repones. Haciendo rafting llegas a la cocina y ves todo lo que está esperándote. Aún es pronto y no tienes hambre. Miras tu receta y ves al lado la foto de Patricia Conde. Muchos habrán dicho que para qué serviría. Que ya está el depravado éste. Sin embargo, te sientas en la banqueta de la cocina y miras la foto de esta chica anunciando compresas.

–         Hola Luis Miguel, soy Patricia.

–         Hoo… hoola.

–         ¿Sabes que eres un chico muy guapo?

–         Buenoooo… esto… eso dicen.

–         Ufff… la de días que he pensado en ti.

–         Esto… yo… es que…

–         ¿Te apetece dar una vuelta?

Y paseas por las calles de Dublín mientras habláis de cosas intranscendentes. La lluvia os hace resguardaros en varias tabernas de Temple Bar y los leprechauns recogen el oro de los mechones de su pelo para esconderlo en las verdes praderas de un país que recuerda cada vez más a un gran parque de atracciones. Aysssssssss…

Y visitáis volando en una nube los jardines de Powerscourt, los acantilados de Moher y el ring of Dingle. Cantáis Galway girl en un pub de Kilkenny donde una banda de rock  de maduritos te recuerda el poder destructor de la cerveza y la mala vida. Ella sonríe y crees que es el momento de llevarla a un Bed and Breakfast pensando en probar sobretodo la parte de “bed. Para la de “breakfast” ya habrá tiempo. Y ahí te das cuenta de que estás dormido. De que los Irish Breakfast que amas tienen de todo, incluidos los huevos y el beicon. Y entonces despiertas sentado en la banqueta de la cocina mirando la foto de Patricia Conde. Sollozas unos segundos y piensas que debes imprimir una de Monica Bellucci para la próxima receta.

Sin darte cuenta cómo ha sucedido ya es la hora de ponerse a cocinar. Así que enciendes la Vitro y funciona. Tienes tu sartén preparada con su aceite recién compradito y dices: “Los huevos y el beicon”. Abres la nevera y descubres que ya no te queda ni los unos ni el otro. ¡Qué raro! En su lugar hay una serie de pollitos que te miran con una cara terrible de frío y que no pueden dejar de repetir el nombre de un antiguo papa. Los sacas de su cárcel y decides bajar al super lo más rápido posible.

Esquivas unos cocodrilos, escapas de una tribu indígena de tu pasillo, te zafas de una bola gigante que te persigue por el salón y llegas a la puerta.

En el súper te miran raro. Estás acostumbrado. Compras los huevos y el beicon, y ya, de paso, comida para aves. Llegas a la caja, ¿quiere usted bolsa?, no, tome… y a correr.

Preparado frente a la Vitro, con tus huevos en la mano, bueno… no los tuyos, los que has comprada que puso una gallina. Y el beicon al lado. La sartén, el aceite… todo preparado.

– Continuará –

Sobre Luis Miguel Artabe 337 Artículos
Periodista, profesor, psicólogo de masas y #CommunityChamán. Como no me gusta la realidad me invento otra. Si vas contracorriente, soy tu salmón.

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