Tengo miedo, soy un jugador de rol

Mi abuela, que lo guarda todo, encontró ayer entre miles de papeles esta carta al director que publicó el Diario Montañés el 17 de junio de 1994. 17 añitos desde que escribí esto. ¡Cómo pasa el tiempo! ¡Qué horror!

No sé si recordáis al asesino del rol. El caso de un chaval, Javier Rosado, que asesinó a Carlos Moreno en abril de 1994 en una parada de autobús. Descartado el robo, las autoridades descubrieron que el asesino estaba jugando a un macabro juego de rol inventado por él mismo.

Desconocidos por la mayoría, los juegos de rol hicieron saltar todas las alarmas sociales y gracias a muchos medios de comunicación sus jugadores se convirtieron en fanáticos seguidores de alguna entidad demoníaca.

Como no podía ser de otra manera yo era un jugador de rol desde hacía años. Los había conocido en Irlanda entre lluvia y leprechauns y me habían maravillado. Poder viajar y luchar contra orcos y dragones y salvar a princesas y matar vampiros y… maravilloso. Todo sin moverse de alrededor de una mesa y con unos dados.

Intenté aportar mi granito para esclarecer este caso con este texto.

Tengo miedo, soy un jugador de rol

Señor director:

Estará conmigo en que 1994 está siendo un mal año, muy malo. Nos están abordando la corrupción política, tanto a nivel regional como nacional, la crisis económica, las diferentes guerras, los desastres naturales, el terrorismo, los recortes… y tantas otras cosas que por mi estado anímico no puedo siquiera concebir pensar.

Sin embargo, ahora ya no lloro por las noches, ya no me lamento, ahora tengo miedo, señor director. Soy un jugador de rol. Llevo unos seis años jugando a esa droga y gracias a los medios de comunicación me he dado cuenta de que soy un asesino en potencia. Tengo miedo de salir a la calle y no distinguir la realidad de la ficción, tengo miedo de que la bestia aflore y mi humanidad no sea capaz de dominarla.

Señor director, necesito ayuda. No puedo concebir que un día los miles de jugadores de rol de esta región, nos levantemos y nuestro juego (cómo hábilmente ha expresado un psiquiatra en un medio de comunicación, denotando su gran conocimiento sobre el tema) nos pueda llevar a cometer los más atroces asesinatos e instituir los más atroces sentimientos.

Por favor, ya no me quedan uñas que morder, ¡ayúdenme1 ¡Juegue a un juego de rol! ¡Sólo a uno! No se vaya a convertir en lo mismo que yo. Juegue y después hable de lo que ha visto, así se podrá encontrar una mejor solución a nuestro problema. Y ¡por favor! A todos los periodistas que investigan este tema en los diferentes medios, pídales que jueguen, así se darán cuenta de que no tienen ni… idea de lo que dicen, no saben que el rol es mucho más dañino. Dígaselo porque la ignorancia es la madre del atrevimiento.

Por favor, hable con la sociedad, si no se encuentra una solución, para que nos margine como a filósofos, gitanos, negros, drogadictos, amarillos, sidosos y un largo etcétera de antixenofobia de nuestros corazones.

Señor director, no me quedan fuerzas para seguir escribiendo, se me acaban los tranquilizantes y ha cambiado el swing de mi circulación. ¡Por favor, dese prisa! Avise a las autoridades, destruyan esos aquelarres, señor director no aguanto más. Tengo miedo, soy un jugador de rol.

Es mi estilo, está claro ¿eh?. Casi dos décadas después sigo escribiendo igual. Y me reafirmo en lo dicho. Lo malo fue que, en lugar de aportar mi granito de arena, recibí varias llamadas de familiares y conocidos que permanecían atónitos frente al texto. Algunos me ofrecían pagarme un psiquiatra para que no me suicidara, otros para que lo hiciera, otros afirmaron que no tengo remedio, otros que la ironía no se capta tan fácil… en fin… ya sabéis… todos tenían razón.

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Sobre Luis Miguel Artabe 337 Artículos
Periodista, profesor, psicólogo de masas y #CommunityChamán. Como no me gusta la realidad me invento otra. Si vas contracorriente, soy tu salmón.

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